Amaya P. GIÓN
Con la crisis, la innovación y todo lo relacionado con la I+D (investigación y desarrollo) vuelven a estar de moda. Dicen los expertos que la reconversión no será posible en España hasta que 45.000 pequeñas y medianas empresas (pymes) españolas inviertan en innovación. Los mensajes chocan en cambio con una crisis que desanima a invertir. Ni siquiera las multinacionales: Alcoa ya ha advertido que no tiene pensado poner en marcha un departamento de investigación en Avilés, que demandó el sindicato UGT, y el de la cristalera Saint-Gobain se encuentra inmerso en una reestructuración de personal al verse mermada la actividad del centro como consecuencia de la crisis. Son las pymes, como Asturfeito o Alusín, las que avanzan en I+D+i.
Empresas avilesinas como Mefasa, Alusín, Berbetores Industrial, las del Grupo Daniel Alonso o Asturfeito destacan en este campo con nombre de suma. «La empresa asturiana ha mejorado mucho en los últimos años, pero aún queda camino por recorrer. El gasto en I+D de una región debería hacerse en un 70 por ciento en las empresas y el 30 por ciento restante en otras entidades, como universidades o centros tecnológicos. En Asturias el desequilibrio es importante, ya que ambas se dividen al 50 por ciento», explica Jesús Fernández, de la Fundación Prodintec (Centro Tecnológico para el Diseño y la Producción Industrial en Asturias).
Fernández señala que «investigar no es caro», si bien «el I+D acarrea incertidumbre» dado el «riesgo de no alcanzar el resultado esperado». «En Asturias se puede investigar de la mano de los centros tecnológicos -como las fundaciones Itma, Cetic o Prodintec-, que ofertan precios muy asequibles para cualquier empresa. Lo más habitual es que la investigación se desarrolle en la Universidad y la innovación, en los centros tecnológicos».
Mientras las grandes compañías apelan a la crisis como argumento para no impulsar la investigación y el desarrollo en sus fábricas avilesinas, como ocurre con la cristalera de La Maruca, pymes como Asturfeito y Alusín han decidido abrirse camino.
En el año en curso se ha fundado Alusín Tecnología, una sociedad limitada liderada por la firma familiar que encabeza el empresario Javier Fernández-Font -ha sido nombrado recientemente vicepresidente del Club Asturiano de la Innovación- y que concentra la investigación y el desarrollo de nuevos productos de la compañía transformadora de aluminio.
Alusín trabaja desde hace años en colaboración con la Universidad de Oviedo, un trabajo conjunto que se ha extendido recientemente a colaboraciones con las fundaciones Itma, Prodintec y Metal, y con varios centros tecnológicos. La nueva sociedad investiga y desarrolla alternativas a la soldadura tradicional y a punto está de comenzar a explotarlas comercialmente. De hecho, ya cuenta con clientes interesados, todos ellos asentados en Asturias.
Los primeros pasos de Alusín en este campo se dieron con el desarrollo de tecnología para el proceso de soldadura en materiales mecánicos no férreos para unir aluminio con cobre y fabricar un componente bimetálico exento de porosidad y con buena conductividad eléctrica. El proceso, además, permite soldar otros materiales metálicos que en la actualidad se unen mediante procesos no idóneos desde el punto de vista medioambiental y laboral.
También el grupo Asturfeito, dedicado a la fabricación de bienes de equipo, avanza para incrementar su competitividad. Lo consigue mediante el desarrollo de nuevos productos e innovando en los procesos, mecanismos que le permiten mejorar en prestaciones y costes, según fuentes del grupo empresarial. Por ejemplo, el pasado año el grupo empresarial desarrolló un nuevo actuador hidráulico para seguidores termosolares a través de la sociedad Asturmatic, que obtuvo el premio «Impulso» al desarrollo tecnológico. «El desarrollo de ese producto se ha traducido este año en un incremento de las ventas en esa área. Ahora estamos desarrollando otros productos nuevos en las diferentes compañías del grupo», explica su presidente, Belarmino Feito. Una de las consecuencias de estos trabajos ha sido la puesta en marcha de un departamento de I+D+i que coordina y estructura todos estos proyectos. «Desarrollamos nuevos productos e innovamos en diferentes procesos para aumentar la productividad, con la consiguiente reducción de costes de fabricación, que nos permiten aumentar nuestra competitividad en el mercado. En lo que no trabajamos es en investigación, ya que utilizamos conocimientos que ya existen. Investigar es generar conocimientos nuevos», aclara Feito.
La firma Monrasa, asentada en el polígono empresarial de la ría, anunció recientemente que potenciará su departamento de I+D+i. Trabaja ya en el mantenimiento predictivo, que consiste en predecir dónde puede registrarse una avería para someter esa zona a un mantenimiento más intenso y evitar problemas futuros.
Otras empresas de mayores dimensiones, como la compañía Ingeniería y Diseño Europeo, S. A. (Idesa), con instalaciones en Gijón y Avilés, anunció el pasado julio la apertura de un centro de innovación orientado a las energías renovables, al desarrollo de nuevos productos y a incorporar las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) a su proceso productivo. La empresa, que ha suscrito un convenio de colaboración con el Gobierno regional, se comprometió a invertir 36 millones de euros en el desarrollo de proyectos de I+D+i durante los próximos cuatros años.
Las pymes avanzan en desarrollo e innovación, pero la comarca avilesina también da cobijo a centros de investigación, como el Centro Tecnológico del Acero, de la Fundación Instituto de Materiales (Itma) y el de Arcelor-Mittal.
El gigante siderúrgico firmó un acuerdo con el Principado que «se está aplicando y está dando sus frutos», aseguró un portavoz de la multinacional. Este centro de desarrollo tecnológico desarrolla un considerable número de proyectos nuevos, algunos de los cuales se están aplicando ya en otros países. Estos proyectos están relacionados con el medio ambiente, la energía, procesos productivos y gestión del conocimiento, según fuentes de la siderúrgica.