Juan C. GALÁN
La cuestión es tan vieja como el mundo: ¿es el hombre un ser social o ha sido creado para vivir en soledad? Allí donde conviven dos o más personas surge el concepto de «otredad», la imagen en el espejo. Surgen las diferencias con el prójimo y, así, la idea de pertenencia a un grupo y, con ello, el rechazo a lo ajeno. Una concatenación de factores que es el germen de la mayoría de las disputas entre semejantes, entre ellas el acoso escolar. La psicóloga Iriana Santos, del Grupo de Investigación en Familia de la Universidad de Oviedo, disertó ayer en la Casa de Cultura sobre una de las problemáticas más acuciantes de la educación española. La conferencia fue la segunda del ciclo «Charlas saludables».
Acoso escolar: un término que tan sólo describe una situación de violencia entre iguales, esto es, entre escolares, en el que uno o varios ejercen un abuso de poder. Quedan exentos los casos de violencia de alumno a profesor o viceversa. Una casuística cuya documentación, en el caso de Asturias, aún está en pañales. «No sabría aportar datos sobre cuántos casos ocurren en Asturias al año», reconoce Iriana Santos. Lo que sí conoce la psicóloga son los orígenes de la problemática: «El niño acosado siempre tiene un rasgo, generalmente físico, que le distingue de los demás, pero siempre hay una raíz del problema. Puede estar en casa, si el acosador vive en un ambiente agresivo, o en el propio colegio: si un profesor insulta a diario a un niño determinado, el resto de la clase puede entender que es incluso algo normal porque lo hace un adulto», comenta Iriana Santos.
No obstante, la psicóloga de la Universidad de Oviedo alerta de que, en el caso del acoso escolar, todos los agentes son víctimas. «El primer perjudicado es el acosado, pero el acosador también es una víctima porque se encasilla en un papel de agresor que, si no se ataja a tiempo, puede prolongarse en el tiempo», afirma Santos.
El acoso escolar, otrora circunscrito al centro, se extiende hoy en día a varios ámbitos, la calle y el transporte escolar principalmente. «A veces ni los profesores conocen que existe el problema», señala Iriana Santos que pide atención máxima a padres y docentes.