Francisco L. JIMÉNEZ
Conseguir financiación, que ya era un problema para los jóvenes empresarios en los tiempos de bonanza económica, se ha convertido en el último año en el principal escollo de todos los emprendedores asturianos que tienen ideas pero carecen del dinero suficiente para llevarlas a cabo. Así lo significó ayer el presidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios (AJE), Jesús Portilla, en la gala anual de entrega de premios de la entidad, un acto que congregó anoche en Avilés a un centenar de personas, la mayoría vinculadas con la Administración y el mundo de la empresa.
«Las ideas no están en crisis, de hecho hay una importante reserva de ellas en la recámara esperando que se den las condiciones adecuadas para su desarrollo y eso tiene que ver, básicamente, con que las entidades financieras hagan fluir el crédito», declaró el presidente de AJE minutos antes de dar los premios que distinguen a los empresarios noveles más prometedores de la región.
El galardón al joven empresario del año recayó en Sergio Meana, de la firma Hidritec, una ingeniería ambiental especializada en el tratamiento de aguas en todos los estados. Y el premio AJE Junior, al que sólo pueden optar empresas con menos de cuatro años de antigüedad, se lo llevó Carlos Suárez, de Vectio Traffic Ingineering, una firma que desarrolla soluciones para el tráfico y asesora en materias relacionadas con el transporte y la movilidad.
Durante la gala, que mantuvo la tensión por el nombre de los diferentes ganadores hasta el último momento, también se reconoció públicamente la trayectoria empresarial de Juan Gonzalo Álvarez Arrojo, fundador del Grupo Avanza (sector transporte); las buenas prácticas en materia de responsabilidad social del Grupo Itma y el ejemplar relevo generacional llevado a cabo en el Grupo Isastur.
El presidente de los jóvenes empresarios asturianos no dejó de admitir lo «complicado» que está resultando el año en curso, tanto que, según el dato que él maneja, la caída registrada en el número de sociedades constituidas es ya del 35 pro ciento. No obstante, Jesús Portilla arengó a los emprendedores a no dejarse vencer por la dureza del entorno. Lo mismo hizo el presidente de la Federación Asturiana de Empresarios (FADE), Severino García Vigón, quien tuvo palabras de aliento para los que empiezan. «Hay cantera», convino el presidente de la patronal al hilo de la presencia en la gala de AJE de un gran número de emprendedores.
Portilla manifestó que su asociación, ya que no puede apoyar directamente a los emprendedores faltos de financiación mantiene abiertas líneas de ayuda para la supervivencia de las empresa. En ese sentido subrayó los mejores porcentajes de continuidad que tienen las sociedades instaladas en centros de empresa, un hecho que Portilla relaciona con el acceso a más medios y a la generación de sinergias entre empresas que comparten espacio físico. La mortandad empresarial española se sitúa en siete de cada diez al cabo de una década, la mitad de las constituidas si el horizonte temporal considerado es un lustro.
Los dos grandes protagonistas de la noche, Carlos Suárez y Sergio Meana, vieron premiados sus desvelos empresariales por un jurado que valoró la originalidad, la innovación y la capacidad de generar empleo de sus respectivas empresas. El primero narró la anécdota de cómo un conocido le dijo al contarle su proyecto -una ingeniería pensada para dar solución a los problemas del tráfico- que iba a ser como vender zapatos en el desierto. «Hoy se habla con toda naturalidad de estudios de simulación de tráfico o de las "turboglorietas" y para llegar a esta gala he tenido que soportar cuatro atascos. Afortunadamente, parece que la idea no era tan descabellada», dijo ganándose la sonrisa del público.
«El mundo está en manos de los que tienen sueños y el coraje para vivirlos». Ese fue uno de los lemas que presidió anoche la gala de entrega de los premios que concede la Asociación de Jóvenes Empresarios de Asturias y que congregó a un nutrida representación de todos los sectores empresariales del Principado, como se ve en la imagen. Conscientes por haberlo vivido en carne propia de las dificultades que entraña ser un «soñador», los «mayores» no desaprovecharon la oportunidad de arropar a los que dan sus primeros pasos en el mercado.