Juan C. GALÁN
A los estudiantes de diseño de la Escuela de Arte de Asturias, el carpetazo al proyecto de una nueva sede en el entorno del Niemeyer les ha dejado una sensación de indiferencia aunque salpicada de cierta decepción. Indiferencia porque, a efectos prácticos, permanecer en el palacio de Camposagrado es un lujo para la mayoría de ellos. Como asegura, con desparpajo, uno de los alumnos, «estamos en un pedazo de edificio». Las comodidades son muchas y, además, en el centro de Avilés. Sin embargo, a poco que se rasque, los futuros diseñadores no pueden evitar un mohín de desazón y desilusión por el panorama que se extiende ante sus ojos.
La mayoría de los estudiantes de diseño de la Escuela de Arte admiten no tener base suficiente como para emitir una opinión formada. Muchos de ellos afirman «haber escuchado algo» del proyecto de construcción de una nueva sede, pero sin entrar en honduras. Por eso, la cercenación del proyecto por parte del Principado y el revuelo que ha provocado ha despertado la curiosidad del alumnado. Sin embargo, hasta el momento, las dudas no encuentran respuesta en la directiva del centro. «Cada vez que preguntamos a los profesores o a la dirección, esquivan el tema», asegura un estudiante. La única fuente informativa a la que los chavales pueden acudir es una fotocopia pegada al cristal de la puerta principal de la noticia publicada anteayer por LA NUEVA ESPAÑA.
La falta de claridad aviva opiniones diversas. La mayoría acepta permanecer en Camposagrado, aunque la ilusión de mudarse a un edificio moderno y en el entorno del Niemeyer se cae ahora como un castillo de naipes. «Los profesores nos comentaron hace tiempo que en unos años nos iríamos a un edificio nuevo, y parecía una cosa chula. Ahora que no se va a hacer, nos sentimos un poco decepcionados», señala un estudiante de Segundo de diseño. Uno de sus compañeros, además, alerta de la posibilidad de que el edificio se quede pequeño ante la nueva remesa de estudiantes que llegará el próximo ejercicio merced al nuevo curso que se implantará en la escuela. «Ahora estamos desahogados, porque sólo somos diez por clase, pero como lleguen muchos más, vamos a andar justos», comenta el alumno de diseño.
No obstante, por el hall de Camposagrado también se paseaban ayer estudiantes cabreados que consideran «una injusticia» que el Principado haya decidido contruir un edificio únicamente para los estudios de restauración, dejando de lado los de diseño. «Todas las nuevas tecnologías que van a instalar en la nueva sede son sólo para restauración, ¿y diseño, qué?», se quejaba ayer un estudiante.