Saúl FERNÁNDEZ
Ni el clero se salva de los problemas de vivienda. Jesús García González, el cura de Valliniello, es también albañil e, incluso, promotor de la casa rectoral de su parroquia. Y es que lleva medio año sin domicilio fijo: le han tapiado su antigua vivienda, la anexa a la ex parroquia de San Juan de Nieva; ha pasado por la Casa Sacerdotal de Oviedo y, desde finales del pasado mes de julio, vive en las antiguas escuelas del Campo de la Iglesia, una residencia habitable sólo a medias: «Seguimos trabajando. Con estas manos (las muestra) y con mi propio dinero -treinta mil euros, mis ahorros- estoy construyendo la casa del cura, la casa que quedará para el Arzobispado y para el que venga detrás de mí», comenta. El problema, sin embargo, se agrava con la negativa del Arzobispado, dice el cura, a subvencionar los trabajos que está llevando a cabo el párroco. «Les pedí treinta mil euros, o algo, pero me dijeron que no, que no merecía la pena. Debo dos mil a los chicos que me están ayudando, de la parroquia», se lamenta.
«El 16 de julio dije la última misa en el templo de San Juan de Nieva. Y me quedé sin casa. En Oviedo entonces me dijeron que me fuera a la Casa Sacerdotal, la de los curas jubilados. Estuve una semana solamente. No se puede estar en Oviedo y venir los domingos a decir misa. Eso no es llevar una parroquia, hay que estar con los enfermos, prestar ayuda...», asegura el veterano sacerdote mientras introduce la llave en la puerta de las antiguas escuelas parroquiales de Valliniello, con un cartel en el dintel que dice: «Vivienda del párroco».
Cables al aire, habitaciones sin puertas, suelo sin terminar de colocar... «La cosa ha mejorado algo desde que llegué aquí, después de dejar la llave de la habitación de la Casa Sacerdotal. Traje una cama y me puse a trabajar», comenta, entre las sombras, con la escayola a la vista y las paredes sin pintar.
Al sacerdote no le falta trabajo. Lleva las parroquias de Santiago de Ambiedes y la de Perdones. «Desde ayer (por el martes), también las que dejó don Silverio, que son cuatro más», comenta Jesús García.
-¿Y por qué no se muda a la casa de la iglesia de Laviana?
-Valliniello es la parroquia más importante. Lo normal es que viva en donde más personas me puedan necesitar.
Los trabajos de restauración que está llevando a cabo el párroco no cuentan, dice Jesús García González, con el beneplácito del obispo auxiliar. «Cuando hablé con el gerente del Arzobispado, le propuse arreglar las escuelas, pero me dijo que no. Vinieron de Oviedo y aseguraron que los arreglos iban a costar cuarenta o cincuenta millones de pesetas y que no merecía la pena». señala. Pero Jesús García es un cura pertinaz: «El Arzobispado aceptó dejar San Juan de Nieva porque por el medio había un dinero importante... La parroquia hubiera podido seguir en la iglesia, un diseño de Castelao, hasta el 2023, pero en el Puerto de Avilés había prisa, decían que no tenían espacio para almacenar el hierro, la blenda», comenta el párroco mientras muestra la cocina de su vivienda: «Me la regaló un parroquiano, no se crea», dice. «¿Ve cómo están los techos? Hay que bajarlos, hay que ocultar los cables...» El cura cuenta que la primera intervención fue la de las doce ventanas: «Las pusimos todas nuevas, quitamos las de las escuelas, que no cerraban, que estaban podridas», explica.
La casa rectoral de Valliniello históricamente se encontraba anexa a la propia parroquia, tras una tapia que cerraba una finca donada al Arzobispado hace años. «Tiramos la casa porque se comía la acera y los vecinos no tenían sitio para aparcar. Hubo una vez un proyecto para levantar una nueva casa en el solar de la vieja, pero en el Arzobispado me dijeron que no corría prisa. Y es que, por entonces, todavía vivía en San Juan de Nieva...».
Jesús García sostiene que el Arzobispado le ofreció comprarle un piso en Avilés. «Si tienen dinero para eso, ¿por qué no me ayudan a terminar la casa? Va a ser para el Arzobispado. Desde luego que no entiendo nada», concluye.