Juan C. GALÁN
Si usted camina habitualmente por las calles más céntricas de Avilés, ¡cuidado!, podría aplastar bajo sus pies un rodaballo, a Marilyn Monroe o, incluso, a la Duquesa de Alba. Puede sonar delirante, definitivamente surrealista, pero en eso consiste la exposición fotográfica de Purificación Fernández Valdés que ocupa, hasta mañana, el hall de Artes y Oficios. Fernández Valdés, alumna de Favila en los cursos de dibujo y pintura que oferta el centro, ha encontrado en las aceras de la ciudad una realidad paralela en la que, por aparecer, aparece hasta el rostro del mismísimo Jesucristo.
«Quiero subrayar lo de Jesús, que mira que es raro», dice Purificación Fernández a bocajarro, antes de iniciar un itinerario por su muestra. La alumna de Artes y Oficios se dirige, entonces, a la fotografía que ocupa el lugar prominente de la sala y comienza a bordear con el índice el contorno de una figura, dibujada por las grietas del asfalto, que para ella representa el perfil de Cristo. Fernández Valdés identifica frente, nariz, ojo, boca, barba, cabello e, incluso, la corona de espinas. «Está así como doblado, como si le pesara la cruz», hace saber.
A Purificación Fernández el hallazgo del rostro divino en una baldosa de la calle Cabruñana le ha impactado. Pero no sólo eso. La avilesina no cabe en sí de gozo al mostrar una veintena de instantáneas de aceras de Avilés repletas de lo que los expertos llaman pareidolias: una jugarreta del cerebro que interpreta como una forma reconocible la imagen formada por ciertas combinaciones de luces y sombras. Allí donde el agua de lluvia, las grietas o, incluso, desperdicios, conforman un todo en el suelo urbano, Fernández Valdés identifica todo un rosario de personajes que, por arte de birlibirloque, parecen manifestarse en el asfalto avilesino. La «Monstrua» que diseñara su maestro Favila, una mujer picassiana, una nazareno con capuchón y todo, un asturcón o el perfil de un guerrero de Gengis Khan saludan al personal como si fueran protagonistas de una broma cósmica.
Fernández Valdés afirma que no hay manipulación, -«las fotos las hice con una cámara corriente, una de esas para bobos»-, señala. La acotación sobra, precisamente ahí está la gracia de la exposición y de la vida en general: la realidad es moldeable y polifórmica, todo depende del cristal con que se mire.