MANUEL GUTIÉRREZ ARAGÓN
Novelista, autor de «La vida después de marzo»
Saúl FERNÁNDEZ
El ex director de cine Manuel Gutiérrez Aragón (Torrelavega, Cantabria, 1942) acaba de recibir el premio «Herralde» por una novela de título más que sugestivo: «La vida antes de marzo», un viaje al pasado con la muerte y el terrorismo como fondo, una historia de un reencuentro de dos asturianos marcados por la sangre de los atentados de Madrid, en marzo de 2004.
-Le iba a llamar autor novel, pero, a estas alturas, resulta extraño.
-Pues, ¿qué le vamos a hacer? Ahora presento mi primera novela, así que sí, soy novato... Pero, claro, le recuerdo que llevo muchos años cargando las pilas...
-Desde luego.
-Mi primera vocación fue la de escritor, lo sorprendente es que, al final terminara dedicándome al cine.
-¿De verdad que ha dejado el cine?
-Pues sí. Me dediqué a hacer películas y no libros, yo creo que porque el cine tenía mayor repercusión que la literatura. Y nada más. El cine y la novela guardan una semejanza más que notable: la narración. El director de cine y el novelista cuentan historias... Si Ingmar Bergman o Woody Allen hubieran vivido en otro tiempo hubieran sido escritores. Estoy convencido.
-¿Cuáles son las diferencias que ha encontrado, precisamente, entre el cine y la literatura?
-Para escribir necesitas imaginación y cierta capacidad; para dedicarte al cine, todo eso y mucha suerte. Cuando me metí a hacer películas ignoraba que debía lucir virtudes que poco tienen que ver con la narración de historias. Me refiero al mando. Un escritor puede ser hostil, pero un director de cine, por necesidad, debe ser capaz de seducir: a los que van a salir en la película y a los que la van a pagar. Una vez le preguntaron a Spielberg cuál era la principal virtud de un director. Dijo: «Tener buenos zapatos». Y no, no se trataba de una «boutade», con buenos zapatos se recorren mejor los despachos de los productores... Para escribir, la resistencia física no es imprescindible, lo único imprescindible es saber contar historias.
-Pese a todo, la suya es una generación de cineastas literatos.
-Aprendimos el cine en las novelas. Eisenstein dijo siempre que su mayor referente era Dickens, por su maestría en el contrapunto y todo eso. La literatura está llena de imágenes. Lo que sí que me parece mal son los cineastas que sólo aprenden de las películas, o los novelistas que sólo atienden a las novelas.
-Y, a la primera, el premio «Herralde».
-No es un premio de mucho dinero y, en consecuencia, no se mueve con las turbias palancas del interés dinerario. Los hilos que tiran de este premio son los culturales, no la publicidad... por eso, el ganador no es un presentador de televisión. El «Herralde» está protegido porque está poco dotado.
-Está la lista de premiados.
-Roberto Bolaño, Javier Marías... el premio es muy prestigioso y eso me puso muy contento, aunque nunca quise presentarme.
-¿Ah, no?
-Escribo para mí y no tenía ninguna gana de competir. Después de tantos años, lo que buscaba era la tranquilidad, pero, ya ve, al final me quedé intranquilo cuando me presenté al premio y, cuando gané, regresé a la tranquilidad.
-Los atentados de Madrid, con la repercusión mundial que tuvieron, apenas han sido literaturizados.
-«La vida después de marzo», mi novela, tampoco puede ser contabilizada como una historia del 11-M. Aparece muy de fondo y muy al final. Se llama «La vida antes de marzo» porque cuenta las cosas que sucedieron antes de ese marzo madrileño.
-La novela no ha salido todavía a la venta...
-...Está previsto que salga el próximo día 26 de noviembre.
-Ya se ha adelantado parte del argumento. ¿Se trata de una novela de ciencia-ficción?
-La novela empieza en 2024, pero no es de ciencia-ficción. Los personajes hablan del pasado, que empieza en Asturias. Comienza con un encuentro en un tren, entre Bagdad y Lisboa, que circula a una velocidad mayor que el AVE, un tren que no hace falta construirlo, pura ficción; es lo bueno que tiene la novela... También hay una ciudad, que yo llamo Véspero, que no corresponde a ninguna ciudad de verdad, aunque está en el norte, tiene pasado romano... Y luego está Avilés.
-Una ciudad, que visitó este pasado mayo con LA NUEVA ESPAÑA para «buscar exteriores».
-Todas las novelas necesitan de un paisaje. Las calles que recorrimos entonces se han incorporado al relato.
-¿Cambió la novela después de conocer la ciudad?
-La visita a Avilés fue definitiva, me dio seguridad: lo que tenía en la cabeza era algo real. Pero, claro, «La vida después de marzo» no deja de ser una ficción. Los nombres propios han cambiado, no así los lugares avilesinos. Le advierto, sin embargo, que si busca Asturias en la novela se decepcionará. La región aparece muy al final.
-¿Sigue escribiendo después del «Herralde»?
-Por supuesto, pero no sucede en Asturias. Las brumas del norte, sin embargo, resultan muy atractivas. Mi nueva historia se desarrolla en Cantabria.
«Escribo para mí y no tenía ninguna gana de competir, por eso no quería presentarme al premio "Herralde"»
«"La vida antes de marzo", mi novela, tampoco puede ser contabilizada como una historia del 11 de marzo»