ANA ROSSETTI
Escritora, miembro del jurado del «Ana de Valle»
S. FERNÁNDEZ
La escritora Ana Rossetti, tras el fallo del jurado del «Ana de Valle», charla con LA NUEVA ESPAÑA. Mueve la cucharilla de su café con leche, rodeada por los originales que las escritoras presentaron al premio avilesino.
-¿Qué le parece este premio sólo para mujeres?
-Los hombres se han presentado solos a todo. ¡Cuántas mesas redondas sin mujeres! Lo peor de todo es cuando un hombre está rodeado y hace siempre el chiste de rigor: «¡Uy, qué me van a hacer!» Las mujeres todavía somos raras y lo que está mal es que esto no haya cambiado todavía.
-Una escritora nunca para de escribir...
-... Sí, si que para. Ahora me dedico más a leer que a escribir, a pesar de que vivo de la literatura.
-¿Y por qué ha parado?
-Porque no siempre se tienen cosas que contar. Escribo para disfrutar, no para torturarme.
-Sus últimos trabajos han sido libros infantiles.
-Los libros para niños parece que no han sido escritos por nadie. Si a un niño le gusta un cuento, le gusta por el propio texto, no porque sea de este o de aquel autor. Y eso, desde luego, está muy bien.
-¿Es más satisfactorio escribir para los niños, entonces?
-Desde luego. Escribir literatura infantil es un privilegio.
-Pero su nombre y su prestigio es, sobre todo, es poético.
-Todo se lo debo a la poesía, incluso lo de poder escribir cuentos infantiles.
-Es autora también de un libreto operístico...
-El proceso creativo siempre es el mismo: da igual escribir un libro de poemas que un cuento o que una obra de teatro. A fin de cuentas, un cuento de hadas o una fábula son poesía en tanto que hablan de un mundo maravilloso. El lenguaje de la poesía no es informativo. El cuento de Caperucita no es sólo el de la niña que va por el bosque, también habla del peligro de los extraños...
-Pese al parón, ¿qué tiene entre manos?
-Estoy esperando que me den el visto bueno a un proyecto que tengo relacionado con la constitución de 1812. Comenzará en 1810, hablará de la independencia de los países americanos... ¡Un berenjenal muy grande!