Myriam MANCISIDOR
Pidió que le pegaran un tiro. Sus piernas y sus brazos estaban inmóviles, pero su mente lúcida. Intuía su diagnóstico. Y era demasiado cruel. José Benito Gallego García sufrió un terrible accidente de moto. Quedó tetrapléjico. No llevaba puesto el casco. Su viaje era demasiado corto como para tomar «tantas medidas de seguridad». Sólo, pensaba, iba a por pan al supermercado más próximo. Pero su vieja Lambretta le jugó una mala pasada. Chocó frontalmente contra un muro y sus cervicales se resquebrajaron. También su médula. Y su vida cambió. Ahora, José Benito Gallego tiene 57 años y es uno de los dieciocho usuarios del nuevo servicio de comida a domicilio que ofrece la concejalía de Servicios Sociales que representa Purificación García Villadonga, de IU.
Con tesón y tras más de cinco años en un centro de Albacete y especializado en el tratamiento de minusvalía, donde cumplió con un proceso de rehabilitación intensiva, este praviano residente en el barrio avilesino del No-Do consiguió recuperar algo de movilidad. Gallego se apoya en muletas y camina cuando sus piernas le responden, enciende los cigarrillos doblando las muñecas y habla sin descanso. «Desde que sufrí el accidente no pude mover las piernas ni los brazos pero no paro con la lengua», sentencia con humor este hombre que ya no clama la muerte. Quiere vivir y bien. Su familia vive demasiado lejos.
Por eso ha dicho que sí al servicio de comida a domicilio. También al de asistencia social y al complemento del salario social que, unido a su pensión no contributiva, le aporta alrededor de cuatrocientos euros al mes. «Vivir con este dinero es difícil: hay que pagar la renta del piso, la luz, el agua... y hasta ahora la comida, un gasto que ahorro gracias al servicio de comida a domicilio. Hasta ahora, además, hacía la compra por teléfono, no puedo coger pesos», sentencia José Benito Gallego, que siempre deja parte de su dinero para abonar los taxis que coge cada vez que quiere salir de casa. «En el No-Do no hay nada de nada, ni una cafetería, ni un supermercado... Además mis amigos viven en Villalegre, que es a donde voy de vez en cuanto a ver algún partido (se confiesa devoto del Sporting), charlar, hablar de mujeres o debatir», añade. También le gustan Las Meanas. «Cuando me puedo mover paseo por este parque, el más llano de Avilés», explica.
¿Y la comida? En su casa tiene los electrodomésticos necesarios para preparar una fabada, pero gracias al nuevo servicio de comida a domicilio ha encontrado tiempo para él. «Puedo pelar una patata, claro que puedo, pero si una persona normal tarda cinco minutos, yo tardo media hora», asegura. José Benito también se ahorrar la tarea de fregar los platos y de limpiar la cocina. La única pega, el sabor. «Echo de menos las patatas recién fritas y, por supuesto, nada de lo que me traen sabe igual que lo que cocina mi madre pero es comprensible, somos muchos y todos no tenemos los mismos gustos», manifiesta.
José Benito Gallego recibe cada lunes y viernes los guisos que le lleva a casa Daniel Fernández, trabajador de la empresa de catering «Cocibar» quien facilita dos platos, pan y postre para cada uno de los días de la semana. Los menús están precocinados y Gallego únicamente tiene que destaparlos e introducirlos en el horno. Cada menú, además, está adaptado a las necesidades dietéticas de cada persona de acuerdo a sus informes médicos. La nueva prestación parte con un presupuesto de poco más de 19.000 euros y, por ahora, es gratuita. Son guisos contra la soledad. «Me quedé tetrapléjico cuando iba a por pan y ahora me traen la comida a casa», manifiesta, otra vez sonriente, Gallego, que gracias al servicio de ayuda a domicilio tiene una puerta más abierta al diálogo. «Cuando enfermé perdí el contacto con la gente y ahora charlo mucho con las trabajadoras sociales y los del catering. Por lo demás, estoy soltero, y sin compromiso», concluye, y lanza un guiño a la esperanza.