Saúl FERNÁNDEZ
Los murales de Gonzalo Espolita de la iglesia del Sagrado Corazón, en el barrio de Villalegre, después de casi un mes de intervenciones continuadas, se han salvado el peligro de desaparición, aunque precisan de una urgente restauración para devolverlos al momento en que se crearon, en la pasada década de los cincuenta.
Luis Suárez Saro, director del proyecto de recuperación de los murales del templo y profesor de Restauración en la Escuela de Artes, explicó que la intervención llevada a cabo en las últimas semanas «corría prisa». Y eso porque la decoración de Espolita estaba muy afectada por las humedades provocadas por el mal estado de la cubierta de la iglesia, problema que se solucionó finalmente hace apenas unos pocos meses. Desde la llegada de Vicente Pañeda a la dirección de la parroquia, el templo ha vivido una serie de obras de recuperación. La primera intervención fue en la techumbre. «Era primordial, sin ella este trabajo de los murales carecía de sentido», explicó el director del proyecto.
La primera fase de la restauración de los murales comenzó a comienzos de este mes y está prevista su conclusión antes del puente de la Constitución. Junto a Suárez Saro trabajan Lucía Riego, María Blanco y Ana María Menéndez. «Aparte, seis alumnos de Restauración, que hacen prácticas por las tardes», explicó el profesor. La superficie intervenida en esta primera fase supera los 77 metros cuadrados y, en síntesis, los trabajos se han enfocado a salvar las pinturas del artista avilesino. «Hemos frenado la degradación de los murales aplicando sobre las pinturas papel japonés; así evitaremos la caída de morteros», comentó el director del proyecto.
Se da la circunstancia de que buena parte de las pinceladas de Espolita se han perdido arrastradas por el agua. «La técnica que utilizó el artista se conoce como temple a la cola y consiste en aplicar tintes a ese pegamento para después empezar a dar las pinceladas. Cuando hay agua de por medio perdemos la cola y los murales se quedan sólo con el pastel, como si fueran tiza», explicó el profesor Suárez. La técnica utilizada por Espolita, según el director de la intervención, «es la más sencilla y más económica; en sí no es mala, pero, si hay humedades, es desastrosa», añadió el restaurador.
La intervención se ha limitado por el momento al ábside y al arco de triunfo de la iglesia: «Era lo que estaba más en peligro», apuntó Suárez. La intervención en esta primera fase ha sido posible gracias a una subvención de algo más de catorce mil euros de la Consejería de Cultura. «La parroquia no ha dejado de moverse, pero con este presupuesto sólo podemos intervenir en una zona muy pequeña de los murales», se lamentó el restaurador.
La iglesia de Villalegre, casi al completo (las capillas del crucero, no), está decorada por Espolita. El templo se levantó a comienzos de 1940, sin embargo no fue hasta diez años después que se encargó a Espolita la pintura. El artista, uno de los más destacados en aquellos días de mitad del siglo XX, eligió imágenes de la vida de Jesucristo y eligió, asimismo, la técnica del mural según Suárez, «por la sencillez del trabajo». El fresco -la Capilla Sixtina, por ejemplo- consiste en aplicar pigmentos sobre la cal fresca y esperar a que carbonate. «Así la pintura se queda dentro de la pared, en los murales no sucede esto».