FERNANDO BALBUENA
PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD DE AMIGOS DEL PAÍS
La Sociedad Económica de Amigos de País de Avilés y Comarca, desde su fundación, otorga todos los años un reconocimiento-homenaje a alguna de aquellas sociedades, ya sean culturales, deportivas benéficas o de cualquiera otra índole que a lo largo de su trayectoria hayan hecho cosas importantes en favor de nuestra querida Villa.
Esta vez, ha sido distinguida con el galardón anual una sociedad verdaderamente entrañable: la Asociación Atlética Avilesina
Corría el año de 1932. En aquella época Avilés era una modesta población que rondaba los diez y ocho mil habitantes. Carecía de muchas cosas; entre ellas de instalaciones deportivas adecuadas para la práctica y el desarrollo del atletismo, pero no carecía de jóvenes entusiastas que imbuidos de un claro espíritu de empuje y de superación, no fueran capaces de afrontar la utópica tarea de fundar una asociación para el fomento del deporte, porque estaban firmemente convencidos de que la cultura no se podía circunscribir al interior de la aulas, sino que el aire libre y el espíritu competitivo eran fundamentales para un desarrollo armónico del hombre. Creían, con los clásicos, en aquella máxima latina: Mens sana in corpore sano.
No contaban con medios materiales ni con ayuda oficial o exterior de ninguna clase, buena prueba de ello es que la reunión fundacional ni siquiera se hizo «bajo techo» sino en un banco de madera, bajo los árboles del Parque del Muelle, donde establecieron su asociación con la firme voluntad de llevar adelante sus proyectos deportivos.
No podemos, ni es nuestro propósito de hoy relacionar a todos los fundadores, pero sin menoscabo para ninguno de los que no nombremos, si nos atrevemos a citar de José Aguirre, primer presidente de la Atlética, a Ramón Granda, a los hermanos Gabino y Gobaín García y al único de ellos que aún está entre nosotros, Raúl Santos, hermano del inolvidable Pepe Galiana?
Aquellos hombres, ejemplo inmarcesible de voluntad, solo necesitaban la Ria y el mar para nadar o para hacer piraguismo (recuérdese la travesía Avilés-Gijón) y sus primeros útiles deportivos fueron un prado, una cuerda, cuatro palos para saltar y un camino para correr. Hombres incansables que hubieran podido poner como divisa de sus actividades aquel verso del poeta colombiano Guillermo Valencia que dice: «Amamos la fatiga con inquietud secreta».
Tras ellos, recogiendo su antorcha, vinieron otros cuya relación sería excesivamente larga. No podemos nombrarlos a todos, pero haciendo una excepción muy particular y sin postergar a ninguno de cuantos llevaron las riendas de la Atlética, nos permitimos hacer una referencia, como modesto y afectuoso homenaje, a Fructuoso Muñíz, el entrañable Toso, que, por desgracia, ya no está entre nosotros y que supo llevar el timón de la Atlética en tiempos de economía precaria, consiguiendo las escasas colaboraciones oficiales y privadas que proporcionaron los medios imprescindibles para el desarrollo del deporte y el florecimiento de la Asociación Atlética Avilesina.
Sería de justicia nombrar a tantos y tantos que colaboraron con él: Ramón Lastra, Pepe Agra, Pepete, Benitez, Garrudo y un etcétera tan largo que haría interminable este pequeño artículo-homenaje a la Atlética.
A todos ellos, a los nombrados y a los silenciados, gracias, muchísimas gracias. Avilés tiene con todos una deuda impagable.