JUAN CARLOS DE LA MADRID
Historiador, ha escrito un libro sobre los orígenes del cine en Asturias
Saúl FERNÁNDEZ
El historiador Juan Carlos de la Madrid es avilesino, trabaja en Gijón y bebe un capuchino mientras habla con pasión de cine mudo. Presenta «8.000 películas de cine primitivo. Asturias, 1896-1915» (Incuna, 2009), una síntesis de los primeros años del Séptimo Arte, el que nació como ocio y que el tiempo transformó en industria cultural.
-Aquellas primeras películas poco tenían de industria, ¿no?
-Me ocupo en este libro de contar el camino que siguió el cine para conformarse como industria cultural. Aunque no hay que olvidar que ya al comienzo de esta historia los exhibidores y los distribuidores se dedicaban al cine para ganar dinero.
-¿Qué pasó en aquellos comienzos?
-El cine llega a Asturias sólo un año después de que los Lumière, los inventores del cinematógrafo, patentasen el aparato. Lo que sucede en Asturias en aquellos años es, por lo tanto, lo primero que sucede en España.
-El libro se cierra en 1915.
-Es una fecha fundamental: el teatro Campoamor de Oviedo abre sus puertas al cine, que hasta entonces era ocio para las clases obreras. El Campoamor se había convertido en una especie de templo del ocio de las clases pudientes, dar paso a las películas, por lo tanto, fue fundamental. Además, en aquellos días, había comenzado la Gran Guerra, un conflicto en el que España no participó y de cuya neutralidad se benefició fugazmente. El mercado del ocio empieza a crecer y la industria cultural echa a andar.
-El cine nació como un espectáculo de feria.
-Se unió a los espectáculos de varietés y al teatro por horas, aquello que entonces se llamaba género chico. El cine formaba parte de un espectáculo de tres o cuatro horas. Las primeras películas eran de pequeño formato, un algo más a añadir a la tarde de ocio.
-O sea, no se «iba al cine», se encontraba uno con él.
-Podría decirse así. La diferencia entre «ir al cine» hoy e ir entonces está en la pared que separa la cabina del proyector de la sala. El espectáculo en los primeros años estaba en la reconstrucción de las imágenes en movimiento y en la máquina que guardaba esas mismas imágenes. Era un espectáculo de la ciencia
-¿Quiénes iban al cine?
-Para ir a ver una película necesitabas tener tiempo libre y dinero para gastar. El tiempo libre, sin embargo, no es el de ocio: ir a misa a comienzos del siglo XX era una obligación que se cumplía en el momento en que el obrero no trabajaba. Lo que quiero decir es que el ocio es el tiempo que queda cuando uno ha cumplido con sus obligaciones. Y ese tiempo, hasta la ley del descanso dominical, que es de 1904, era más bien escaso. Por eso digo que el cine siempre ha sido un fenómeno urbano, porque los espectadores siempre han vivido en las ciudades. Bueno, ahora eso está cambiando con los centros comerciales a las afueras, pero eso es otro tema.
-¿Cuándo llega el cine a Asturias?
-Como le decía, inmediatamente. A Gijón, a mediados de agosto de 1896. En Avilés está presente una semana después y en Oviedo en septiembre. No se engañe: las fiestas de Begoña, las de San Agustín y las de San Mateo. Los hermanos Lumière fueron capaces de sintetizar en su invento casi todos los avances referidos a la imagen en movimiento de aquellos días. Si inventaron algo de verdad fue el modo en que se arrastraba el celuloide en el proyector. Lo que supieron hacer muy bien fue comercializar su obra. Y así abrieron un solo concesionario de su marca en cada país. El de España, en 1897, un año después de que hubiera cine en Asturias.
-Entonces los primeros exhibidores asturianos, ¿eran piratas?
-Eran piratas al usar la marca Lumière: el cinematógrafo. Ya le decía que antes que el aparato de los franceses hubo otros. Edison, por ejemplo, inventó el kinetoscopio, un aparato para una sola persona, porque le parecía más rentable que uno a uno viera las imágenes en movimiento que meter a todos los espectadores en una barraca, en un pabellón o en un teatro.
-¿Una tarde de cine era barata?
-Por lo que le dije antes, por el público que al principio disfrutó de él, tenía que ser barata obligadamente. El ocio de los primeros obreros era más que sencillo: el paseo, el chigre y los bailes? así que no había mucho dinero que gastar y la sesión de tarde costaba entre 15 y 20 céntimos, algo asumible para los sueldos de aquellos días. Se da la circunstancia de que en muchos años el precio de la entrada apenas cambió -bajó, incluso- y, sin embargo, los jornales se incrementaron, aunque no mucho, todo hay que decirlo.
-¿Por qué tardaron los burgueses en sumarse al cine?
-Porque en los primeros años se asociaba a las varietés y las vedetes no tenían prestigio. Las primeras tiples y vicetiples, las grandes, las de Madrid, estaba muy cerca de la prostitución, así que imagínese las que actuaban en Asturias? Se da la circunstancia de que había películas más, digamos, escabrosas que costaban hasta una peseta.
-¿Escabrosas?
-Pornográficas. Y carísimas. Alejadas del público de masas.
-¿Las de Alfonso XIII?
-Y otras.