VICENTE MONTES
Un McGuffin es aquel acontecimiento de un guión que en realidad no es más que una excusa para desencadenar la trama. Así, la Escuela de Arte y la discusión sobre su financiación no ha sido más que un McGuffin, un artificio simulado porque de lo que realmente se trataba era de salvar o no el pacto. Pilar Varela, en contra del criterio del sector más afín a Álvaro Álvarez, secretario general del PSOE avilesino, ha dado por segunda vez un balón de oxígeno a su socio en el gobierno, Izquierda Unida, resolviéndole sus propias contradicciones. El coste, dos millones de euros que pagará el Ayuntamiento avilesino en algún momento para costear una infraestructura que compete a la administración autonómica. Pero no nos engañemos, el compromiso del Ayuntamiento es un mero guiño: se activará una línea de crédito que sólo se ejecutará en el momento de pagar la obra. Es decir, no hay dinero rehén ni esa cantidad sirve para espolear la construcción del edificio, porque para ello el Gobierno regional debería también consignar su parte en el Presupuesto.
Eso sí, Pilar Varela ha dejado con el paso cambiado a su secretario general, lo que seguramente aumenta la distancia que ya existe entre ambos. La Alcaldesa se ha reforzado ante sus ediles más fieles, precisamente esos mismos que a principios de esta semana la convencían de que debía incorporar una partida para la Escuela de Arte como exigía IU, pese a que esa decisión contradice en parte a la posición que mantuvo el partido en el Pleno del pasado jueves y al texto firmado con el consejero de Cultura y que sólo era papel mojado. La otra clave interesante de esta pugna ha sido la posición ambigua del sector ugetista, que lo mismo en privado alentaba a mantener el pacto que cuestionaba en otros foros del partido la actitud de IU.
Lo que la dirección del partido le reprocha a Varela es un miedo escénico a enfrentarse a un gobierno en solitario. Para los socialistas del entorno de Álvaro Álvarez, quedarse sin IU como socio sería un mal menor comparado con el hecho de aguantar las cargas de profundidad lanzadas desde un partido que se sienta en la bancada del gobierno. La Alcaldesa ha hecho un fino encaje para no contravenir la decisión de la Ejecutiva de su partido (excluir a IU de la negociación de las inversiones del canon del agua como castigo a su beligerancia con el cambio de gestión) y al mismo tiempo salvar el pacto dejando a la coalición en el gobierno. El propio Fernando Díaz Rañón dejó indicado el camino en la entrevista con LA NUEVA ESPAÑA del pasado domingo, en la que aventuraba como salida para que IU apoyase el presupuesto que se incluyese dinero para la Escuela de Arte.
A principios de esta semana, Díaz Rañón acudió a dos reuniones con la Alcaldesa, en las que ya estaba sobre la mesa, como una opción para salvar el gobierno de coalición, incluir una partida presupuestaria municipal para la Escuela de Arte. Varela pasó de considerar inviable esa solución a aceptarla, animada por algunos de sus concejales favorables a esa alternativa. Rañón, por su parte, ya se había encargado de ir convenciendo a los No Adscritos y a los independientes de ASIA de que el Ayuntamiento de Avilés debía mojarse con la Escuela que Riopedre dejó orillada en el camino. El martes, Varela ya era partidaria de ese paso y el miércoles por la mañana lo planteó en una reunión del grupo socialista para sorpresa de algunos concejales. La decisión también se la expuso Varela a Álvaro Álvarez en una reunión en la que fueron notorias las diferencias de criterio.
La Escuela de Arte ha sido la excusa dramática para el culebrón de las tensiones del pacto que cada vez se parecen más al cuento del pastorcillo mentiroso. Ya nadie se cree la cantinela, porque los actores decisivos (quienes comparten asientos en el gobierno local) consideran que el pacto es un fin en sí mismo, un matrimonio canónico que, por definición, no puede romperse.
Varela teme quedarse sin gobierno. Rañón ha modelado su discurso y ha ido aparcando exigencias que al principio formuló como irrenunciables para acabar dando con la que podían admitir los socialistas del Ayuntamiento. ¿Dónde ha quedado aquél «si no negociamos las inversiones del canon no apoyaremos el presupuesto» o el «no admitiremos que se destine el dinero del agua a amortizar deuda»? Ni siquiera la Escuela de Arte ha sido un estandarte sincero: si tan fundamental era para IU, ¿por qué no negoció en la discusión regional del presupuesto que se incluyese la parte que debía pagar el Principado y así garantizar su construcción?
La lectura de este episodio del cansino serial del pacto va según los barrios. En el entorno de Varela se aplaude su sagacidad para hacer un encaje de bolillos que salvase el gobierno de coalición pese a las embestidas periódicas lanzadas desde la sede socialista de Álvarez Acebal. Para el entorno de Álvaro Álvarez, que Varela ha demostrado que admitirá lo que sea para mantener a IU como socio. Ambas se resumen en una: por dos ocasiones, Varela ha dejado con cara de póquer al secretario general del PSOE avilesino. En las dos ocasiones, con la ayuda disimulada del sector ugetista que lidera Luis Ángel Colunga. En cualquier caso, la fractura entre los socialistas locales se agranda a costa de blindar el pacto con IU. Fundido a negro.