Luanco,
Braulio FERNÁNDEZ
Parroquias gozoniegas como San Martín de Bocines o Santa Eulalia de Nembro solucionaron hace tiempo la falta de curas importando la misa laica, común en algunas aldeas del interior de Asturias. Recientemente fue Cardo la localidad que padeció las consecuencias del descenso del número de seminaristas: el cambio de hora de la misa -de los domingos por la mañana a las tardes de los sábados- que propuso el nuevo sacerdote para poder encajar su cargada agenda causó una sublevación popular. Y es que con el cambio de hora entraban en conflicto el ordeño de las vacas y la profesión de la fe religiosa. El plante de los vecinos forzó la restitución del viejo horario. Sin embargo, el problema no está solucionado, sino que sólo se le ha puesto «un parche», tal y como reconoció el ecónomo del Arzobispado, José Ramón Garcés Domínguez.
Así las cosas, la solución podría estar en extender la liturgia de la palabra a la parroquia de Cardo. La crisis de la vocación sacerdotal ya fue suplida en Santa Eulalia de Nembro y San Martín de Bocines por el cura párroco de Santa María de Luanco, Cipriano Díaz, con la colaboración de varios feligreses voluntarios.
El párroco luanquín consiguió formar un grupo de personas con los que se reúne semanalmente para la preparación de lo que se conoce como la liturgia de la palabra. Un medio por el cual se puede oficiar una misa sin la necesaria asistencia de un sacerdote, aunque para ello se debe llevar a cabo un proceso de formación que pasa necesariamente por el Seminario. Allí, las personas dispuestas a ejercer este oficio reciben las instrucciones precisas para desarrollar esta labor religiosa en ausencia del párroco.
Tras pasar por el curso seminarista, los vecinos deberán contar con la autorización del párroco para ejercer este oficio, con la única prescripción de que no podrán realizar la consagración dentro del acto de la misa. Éste tipo de misa «laica» está muy extendido en otras comunidades, como la sudamericana, donde es habitual que los feligreses oficien las misas.
Bajo la dirección del párroco, Luanco acoge cada martes una reunión con los fieles. Ese día se lleva a cabo la elección de las lecturas que se pronunciarán en el oficio del domingo o del día festivo correspondiente. Esta selección se hace por acuerdo de la mayoría y, finalmente, es el párroco quien elabora la homilía que, por escrito, también se lee durante el oficio.
De esta manera, y ante la ausencia de un cura en Cardo, la solución más inmediata apunta a instaurar la liturgia de la palabra en la parroquia, para lo que sería necesaria la aceptación popular, que ya ha demostrado un alto grado de interés en materia religiosa acudiendo en masa al templo cada domingo. «Merece la pena el esfuerzo de venir hasta aquí y ver un templo lleno, con tanta afluencia de fieles», dijo el ecónomo del Arzobispado José Ramón Garcés Domínguez al oficiar hace 15 días la misa en Cardo.