-¿Cuándo empieza de verdad la industria cinematográfica a poder ser llamada como tal?
-Al principio, los exhibidores pasaban películas que eran de su propiedad. Y las pasaban y las pasaban hasta que se rompían o se incendiaban, que de todo hubo en aquellos días. Desde 1906 en adelante se alquilan, de ahí la importancia del listado que cierra el libro. Los ocho mil títulos proyectados son los mismos para Asturias, para Sevilla o para Barcelona.
-¿Y las primeras producciones?
-La portada de libro reproduce un montaje con un fotograma en el que se ven los dragones de Farnesio escoltando a Alfonso XIII por la calle Capua de Gijón en agosto de 1900. Resulta que es la primera película conservada de la familia real. Y tiene mucha importancia. Le explico. Al realizar el catálogo de los fondos de nitratos en la Filmoteca de Cataluña aparecieron algunas películas, asociadas entre sí. Se trataba de la muy conocida «Salida de misa en la iglesia del Pilar de Zaragoza» y «Construcción de un puente sobre el río Ebro por un regimiento de pontoneros». Ambas, del célebre pionero Eduardo Jimeno Correas. La película de los pontoneros, al menos la copia que hoy se conserva, fue revelada por el gijonés Arturo Truan. Los investigadores de la Filmoteca volvieron los ojos a Asturias y la búsqueda amplió su radio de acción a otras películas. Tras la de los pontoneros salieron otras cuya impresión había dejado una huella técnica similar, pero cuyos paisajes y motivos eran difíciles de identificar. La pista de Truan hizo el resto. Empecé a buscar, a petición de la Filmoteca, posibles identificaciones para aquellos fotogramas perdidos y así llegó, con gran fortuna, a la calle Capua de Gijón. Así que, a ojo, se consiguió situar en Asturias la película de la primera visita conservada en celuloide de la Familia Real española.
-¿Qué pasó para que el cine dejara las barracas de feria y llegase a las salas?
-Un negocio no puede vivir de los que menos tienen; debe vivir de todos. Y para conseguir llevar a todos los espectadores a las salas comenzaron los noticieros. Primero de la guerra de Marruecos y más adelante, la Gran Guerra. Pasaba igual con la prensa. Las guerras vendían periódicos y llevaban espectadores a las salas. Ya no estábamos con el avance científico; el cine de entonces empezaba a ser el cine de ahora. Es el tiempo de Griffith, del plano contra plano. Ya no hablamos de un espectáculo de baja estofa.