Amaya P. GIÓN
«Avilés tiene que saber integrar ahora la ciudad del pasado en la del presente. Tiene una baza importantísima con el centro Niemeyer, pero su desarrollo siempre tiene que contar con el mantenimiento de la identidad portuaria, industrial y siderúrgica de la ciudad». Lo dice la gijonesa Rebeca Menéndez Marino, experta en el desarrollo que ha experimentado Avilés en torno a su ría. Esta licenciada en Historia del Arte obtuvo sobresaliente en el trabajo de investigación que ha desarrollado en el marco de sus estudios de doctorado y que lleva por título «Un modelo de regeneración portuaria en Asturias: la ría de Avilés». Tras un análisis profundo, aplaude la transformación que ha experimentado el entorno del estuario en los últimos años, si bien pone una pega: la pérdida de importantes elementos del patrimonio industrial, un error del que todavía se puede aprender.
«Avilés sigue un comportamiento muy similar a la evolución de la franja litoral de otras ciudades, aunque cuenta con algo que la distingue. En su caso, el proceso todavía está en marcha, muchas decisiones aún están por tomar y ahí tiene un gran reto», señaló la joven.
Rebeca Menéndez analiza en su estudio cómo «la ría ha sido y es un espacio con un peso especial dentro de los instrumentos de planificación urbanística». «En los tres planes generales de ordenación urbana (PGOU) de Avilés la ría tiene una presencia enorme, ya sea directa o indirectamente», añadió. El estuario determinó la confirmación del Fuero de Avilés y la industrialización de la comarca desde el XIX, a partir de la llegada de la Real Compañía Asturiana de Minas. En torno a ella afloraron más tarde, ya en el siglo XX, Endasa, la antigua Cristalería y Ensidesa. «En el plan general de 1986, tras la reconversión industrial, se empieza a analizar la necesidad de sanear el estuario y de recuperar algunos espacios naturales, como las marismas de Zeluán. Pero no se comenzarán a materializar esas obras hasta finales del siglo XX y principios del XXI», explica Menéndez.
Pero es en el PGOU de 2006 cuando la ría cobra total protagonismo. «Es entonces cuando se plantea una intervención estratégica en la zona, con el centro Niemeyer como eje vertebrador y como revulsivo de la regeneración integral de la ciudad», prosigue.
La gijonesa analiza esa regeneración del entorno de la ría desde tres vertientes: la funcional, la medioambiental y la estética. La funcional pasa por el cambio de funciones de unos terrenos en desuso, una vez desmantelada la cabecera de Ensidesa. «Se liberaron más de dos millones de metros cuadrados de terrenos: la zona de las baterías de coque, que siguen funcionando; la superficie que ahora ocupa el polígono empresarial, y la dársena de San Agustín y el antiguo parque de minerales, donde se erige el centro cultural Niemeyer. Los dos tercios norte del estuario siguen ligados a la actividad industrial y portuaria», explica.
La regeneración medioambiental se centra en la recuperación de la ría de la mano del plan de saneamiento integral, que arrancó en la década de los años noventa y culminará el próximo año, y la ordenación hidráulica y ambiental del estuario, que se desarrolló entre 2002 y 2006. Esta última consistió en la retirada de lodos contaminados, el ordenamiento y urbanización de las márgenes, la construcción de azudes y la habilitación de paseos, como el de la ría y el del Arañón.
Rebeca Menéndez dedica especial atención en su estudio a la regeneración estética del entorno de la ría y califica de «hito» la colocación de la escultura «Avilés», del artista Benjamín Menéndez. «Esa pieza es un símbolo, marca un antes y un después, como el "Elogio del Horizonte" en Gijón. El artista ha sido capaz de conciliar el futuro y el pasado de la ciudad y, además, generar consenso», apuntó.
El nuevo parque escultórico y arquitectónico de la ría incluye, además, la réplica del puente de San Sebastián, la obra «Hemisferios en equilibrio», de Ricardo Mojardín, y una serie de edificios: la nueva sede de la Autoridad Portuaria, el edificio de la Agencia Tributaria, la lonja climatizada, la depuradora de Maqua y el Centro Tecnológico del Acero.
Pero es en esta vertiente estética en la que la ciudad aún tiene una cuenta pendiente: la recuperación del patrimonio industrial. «El patrimonio industrial que atesora Avilés es muy rico y aunque diezmado, en su recuperación tiene una posible baza», considera la joven. «Aunque se han perdido muchas piezas hay que concentrar esfuerzos en divulgar y recuperar el valor de lo que queda en pie y no caer en los mismos errores», prosigue.
Se refiere, por ejemplo, a los vestigios que se conservan de Ensidesa, a los restos del poblado obrero de San Juan de Nieva y a la iglesia de Nuestra Señora del Carmen («es una pieza de autor con un valor estético y arquitectónico importantísimo»), el poblado de pescadores de La Barquería o las naves de Balsera.
«Avilés contará con el privilegio de albergar un proyecto de Oscar Niemeyer, un icono incuestionable de la arquitectura moderna, pero en su desarrollo tiene que contar siempre con su identidad, que no se puede entender sin las actividades portuaria, industrial y siderúrgica», concluye Menéndez.