Ranón / Piedras Blancas,
M. M. / I. M.
«Un momento, por favor, es que está pasando un avión». Ésta es la frase que más repite Mercedes Martín cuando habla por teléfono con sus amigos y familiares desde que hace tres meses se trasladó a una casa de Vegarrozadas próxima a la pista de aterrizaje del aeropuerto de Asturias. Pese a todo, Martín está satisfecha con la elección. «Me molestaba más el ruido del tráfico cuando vivía en el centro de Avilés que el de los aviones. Dentro de casa el ruido es llevadero y sólo nos molesta si estamos en la terraza, pero es cuestión de acostumbrarse», sentencia esta mujer, a la que parece no preocuparle demasiado que el Gobierno estatal apruebe una reforma que le obligará a soportar el ruido que hacen los aviones al aterrizar y también al despegar. «Si la actividad del aeropuerto fuera mayor, tal vez sí me podría quejar, pero aquí hay muy pocos vuelos», explica.
En otras localidades como San Juan de la Arena (Soto) o San Esteban (Muros) la situación es más delicada. Los aviones, aseguran los vecinos, realizan maniobras a baja altura, y el sonido llega a ser ensordecedor, especialmente en verano, cuando también hay más conexiones por aire con y desde Asturias. Hace ahora cinco años los vecinos de La Arena y Miranda, estos últimos de Avilés, solicitaron al ente estatal que gestiona los aeródromos (Aena) que adoptara medidas para reducir el impacto que el tráfico de aviones causaba en los núcleos de población cercanos a la terminal.
En otras localidades como Naveces, Ranón o Santiago del Monte el ruido es «más llevadero». Juani Fernández Muñiz es vecina de Ranón desde hace 54 años, y ya se ha acostumbrado al sonido de los aviones, que pasan próximos a las viviendas de esta localidad sotobarquense que durante años dio nombre al aeródromo asturiano. «Hace tiempo se vendían peor los terrenos, porque la gente tenía miedo precisamente al ruido, pero ahora tenemos otros problemas para protestar que nos preocupan más: la grieta del Alto del Praviano o el mal estado de la carretera», recalca.
«El ruido no molesta, será por la fuerza de la costumbre», aseguran también en Naveces, uno de los núcleos rurales de Castrillón junto con Santiago del Monte. El aeropuerto parece que incide poco en la vida de los residentes en sus inmediaciones. De hecho, el Plan General de Ordenación Urbana de Castrillón no hace distinciones entre los terrenos próximos al aeródromo y el resto. A todos los vecinos, dado el caso, no obstante, les gustaría protestar.