Alto del Praviano,
Ignacio PULIDO
La grieta del Alto del Praviano no es la única que no para de crecer en Soto del Barco. Los negocios ubicados en las inmediaciones de la carretera nacional 632 asisten desde el pasado 9 de diciembre, día en que el vial fue cerrado al tráfico, a una progresiva pérdida de clientes. Mientras, centenares de vecinos del bajo Nalón y de la comarca avilesina se ven obligados a hacer uso de la autovía del Cantábrico para cubrir recorridos de corta distancia y claman para que el Gobierno acometa de una vez por todas el arreglo de la falla de la «Curva de la Hucha».
«Nunca presencié un caso tan insólito como éste», advierte Ramón González, un vecino de Vegarrozadas de 68 años que afirma no comprender por qué no se arregla la grieta de la carretera nacional 632. González se desplaza todos los días hasta el Alto del Praviano, donde suele disfrutar de un café mientras lee la prensa. «Esta situación me obliga a hacer uso de la autovía a pesar de que no me siento muy seguro conduciendo por ella. Prefiero venir por la carretera vieja», matiza. Y añade: «Los ayuntamientos no están haciendo nada. Se le quitan a uno las ganas de votar».
Bernardo González y Rosa Elvira Pulido son propietarios del restaurante «El Rancho», sito en el Alto del Praviano. El cierre de la nacional 632 ha minado los cimientos de su negocio. «Ahora mucha gente no sabe llegar a nuestro negocio y acaban en otro lugar. La crisis no permite hacer una valoración fiel de la situación pero la grieta nos está afectando mucho», advierte González, el cual señala que muchos de sus clientes sufren las consecuencias de la demora en la reparación de la carretera. «Por la tarde mucha gente llega desde Avilés a jugar al parchís y al dominó y se ven seriamente condicionados».
El restaurante Piemonte II, ubicado en Carcedo, está siendo partícipe del mismo problema. La aparición de la grieta es una de las principales preocupaciones de su propietario, José María Menéndez. «El restaurante ha quedado aislado. En el cruce no me dejan señalar su existencia. Me he visto obligado a poner un cartel en una de las paredes del edificio», explica y prosigue advirtiendo de que «el Ayuntamiento sotobarquense ni siquiera se ha molestado en asfaltar la calle de acceso al local. He tenido que alquitranar yo parte del vial».
Durante el pasado verano, Menéndez perdió a «un treinta por ciento de la clientela habitual». «Esto me obligó a prescindir de dos empleados que siempre contrataba durante el estío», subraya y advierte de que sus trabajadores «se ven obligados a recorrer ocho kilómetros más cada día. «En la carretera ha crecido la hierba ¿Cómo se puede permitir que pase eso?», se pregunta. A escasos metros del Piemonte se localiza la gasolinera de «El Aguila». José Mario Bango trabaja allí surtiendo de combustible a los vehículos desde hace cinco años. «Hemos perdido al treinta y cinco por ciento de nuestros clientes. Los últimos tres meses han sido nefastos y no ha sido por la crisis, ha sido por la grieta de la carretera», concluye Bango.
«Para venir hasta aquí tengo que usar la autovía y no me siento seguro conduciendo por ella»
<Ramón González
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Vecino de Vegarrozadas
«El verano pasado perdí un 30% de la clientela. En la carretera hasta ha crecido la hierba»
<José María Menéndez
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Dueño del «Piemonte II»
«Ahora mucha gente no sabe cómo llegar a nuestro negocio. La grieta nos está afectando mucho»
<Bernardo González
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Propietario de «El Rancho»
«Los últimos tres meses han sido nefastos y no ha sido por la crisis sino por el cierre de la nacional»
<José María Bango
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Trabajador de «El Águila»