MIKI LÓPEZ MIKI LÓPEZ
Francisco L. JIMÉNEZ
Los precios del pescado en la lonja de Avilés, la que gracias a su alto volumen de ventas marca la tendencia para toda la región, estuvieron ayer a tono con el tiempo: fríos, tirando a gélidos. Ni la proximidad de las fiestas navideñas, un potente estímulo que otros años hacía subir como la espuma la cotización del pescado, logra esta vez animar los corrillos pesqueros. Los precios del pescado, según los comercializadores, se mueven en cifras un 40 por ciento inferiores a la media habitual en estas fechas. Las excepciones son las menos y se producen en especies muy selectas que, como el besugo, no se caracterizan por su abundancia. El precio no se comportó ayer como desearía el sector, pero al menos las capturas sí que dieron la talla: 54,8 toneladas de pescados variados -más del doble que un día ordinario- despachó la rula avilesina en una jornada que empezó a las siete de la mañana y no acabó hasta doce horas más tarde.
Los pescadores, en especial los que faenan con artes de arrastre y palangre, se mostraron pesarosos ante esta situación; la campaña de Navidad era la última esperanza para poder resarcirse de un año que definen como «horrible», pero su estreno no invita al optimismo. También los comercializadores confiesan su desencanto: «Que nadie se engañe, esta situación no es buena para nadie», aseguraba un comprador entre puja y puja.
Si acaso, los que saldrán más beneficiados de la contención de los precios pesqueros serán los consumidores, a los que el menú de Nochebuena les puede salir este año más barato. Así lo confirmaba el gerente de la rula avilesina, Ramón Álvarez: «Basta con darse una vuelta por las pescaderías para comprobar que hace muchos años que el pescado no está tan barato. Y si hemos llegado a esta situación es porque, al igual que se está pagando poco por el producto en la rula, también se han ajustado a tope los márgenes de los siguientes eslabones de la cadena comercial. Resultado: todos están pasándolo mal, los pescadores los primeros, pero por detrás también los mayoristas, los importadores y los pescaderos».
Los comercializadores relacionan la debilidad de los precios pesqueros con el frenazo que ha experimentado en los últimos meses el consumo de pescado, que profesionales del sector como el mayorista Miguel Bueno cifran en un 15 por ciento. «La crisis está pasando factura: si no hay ventas minoristas, se resiente toda la cadena comercial», razonaba el comprador.
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