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Campanal llegó a batir el récord de España de salto de longitud

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Campanal saltando en el Campeonato del Frente de Juventudes en Burgos (1947).
Campanal saltando en el Campeonato del Frente de Juventudes en Burgos (1947). 
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REPRODUCCIÓN DE RICARDO SOLÍS

De ahí, al estrellato. Campanal II fue 16 veces internacional, tres de ellas como capitán, en un equipo en el que formaban Di Stéfano, Gento, Puskas o Luis Suárez, pero que sorprendentemente nunca consiguió resultados destacados, en lo que constituye uno de los mayores misterios de la historia del deporte.

Campanal II se convirtió en un mito. Pronto encontró un lugar en la vida social de Sevilla. La gente lo adoraba (aún hoy lo adora), pero a él le tiraba la tierra. Cada verano volvía a Avilés para comprobar in situ la transformación de aquel pueblo pesquero y silvestre de su infancia y adolescencia en una ciudad industrial y próspera. «Ensidesa fue un avance para la ciudad. Muchos amigos míos trabajaban en ella, pero a mí, como deportista, me daba pena que todos aquellos lugares en los que había jugado de pequeño estuvieran ahora contaminados y sucios», señala Campanal II.

Tras quince temporadas en el Sevilla y dos en el Deportivo de La Coruña (con diecisiete temporadas es el asturiano que más años ha jugado en Primera, por delante de Quini y Joaquín), Marcelo volvió a Avilés en 1968. Intentó amoldarse a su nueva vida, pero fue imposible. El sedentarismo lo volvía loco, así que en abril de 1970 se dejó engatusar por su amigo Casimiro, directivo del Real Avilés, y volvió a vestir la elástica blanquiazul para echar una mano al equipo de su pueblo en la fase de ascenso a Segunda División. A pesar de la calidad del equipo, en el que figuraban, entre otros, Chelona o Pepe Albert, el Avilés no consigue ascender y Marcelino deja el fútbol en activo, aunque su condición de entrenador nacional le permite dirigir al Ensidesa, al que clasificó para la fase de ascenso a Segunda. Luego optó por el culto al cuerpo, porque Campanal II no sólo era un futbolista de tronío. También una atleta fuera de lo común. Durante su etapa en activo Campanal llegó a batir el récord de España de salto de longitud, al desplazarse en 1952 7,50 metros, aunque su condición de futbolista profesional impidió que la marca se homologase. En 1956, para rematar, participó fuera de concurso en el Campeonato de España que se celebró en Oviedo. Fue el mejor en salto de longitud, en el que aventajó en 12 centímetros al campeón oficial, y en triple salto. «Competía en atletismo por placer, con entrenamientos de fútbol. ¿Qué hubiera llegado a ser si me lo hubiera tomado en serio? Nunca se sabe», señala Campanal II.

Ya en Asturias, atrás sus años de esplendor futbolístico, Marcelo no abandonó el deporte. Con sus condiciones intactas, compitió dos veces en el Descenso del Sella, fue tres veces campeón de Asturias de tenis, en la modalidad de dobles, y una vez subcampeón individual. Tiene más de 200 medallas de oro en campeonatos de Asturias de atletismo para veteranos. Además, en 2004, consiguió una actuación antológica en el Nacional para veteranos en pista cubierta con cinco medallas de oro. Como no podía ser de otra forma, el Campeonato se celebró en Sevilla.

Ahora Marcelo Campanal mira al pasado, recuerda los días dorados en los que fue un ídolo del fútbol español (un famoso diario deportivo lo incluyó en 2000 en el once ideal del fútbol español del siglo XX), se deshace en elogios para sus tres futbolistas favoritos: Di Stéfano, Pelé y Garrincha, y se prepara para otro reto: el Campeonato de España de atletismo para veteranos de Zaragoza, el próximo febrero. Se ejercita a diario en el estadio de El Quirinal a las órdenes de los entrenadores del Electrónica Rato Avilés Atletismo. «Avilés está muy bien ahora, sobre todo, en cuanto a instalaciones deportivas. Son un lujo. Ya me hubiera a mí gustado tener algo parecido cuando era chaval», afirma. En cuanto al fútbol avilesino, a Campanal, toda una leyenda del balompié español, se le cae el alma a los pies al comprobar el descenso vertiginoso en el número de aficionados. «Yo ahora estoy muy tranquilo, pero si el Avilés me pidiera que echara una mano, lo haría», comenta Marcelo. Y es que a Campanal, que se declara «avilesino cerrado», le gustaría que sus paisanos reconocieran su trayectoria, como ocurre en Sevilla: «Allí soy muy querido», señala, mientras desenrolla un calendario de 2010 de su peña en la capital andaluza, sita en el populoso barrio de Rochelambert, que tiene 400 socios. Ilustrando el almanaque, un dibujo de su foto más famosa: aquella en la que se eleva, majestuoso, por encima de un impotente y boquiabierto Kubala.

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