RICARDO SOLÍS RICARDO SOLÍS RICARDO SOLÍS
Saúl FERNÁNDEZ
Los Reyes Magos de Oriente, Melchor, Gaspar y Baltasar, ayer no pararon de trabajar. Desembarcaron por la tarde en el puerto deportivo, llegaron al Ayuntamiento de Avilés y, a partir de ese momento, se pusieron con denuedo con la tarea, como si no lo hubieran hecho nunca en su vida. Tras la cabalgata real se pasaron por el Hospital San Agustín, charlaron con los más enfermos y se sometieron al escrutinio infantil.
-Ya te hemos dejado los regalos en la habitación -dijo Melchor.
-¿Y cómo tengo yo la habitación, eh?
El empeño de los monarcas en una noche plena se transformó, pasadas las horas más activas de los Magos, en una mañana de sorpresa en sorpresa: niños y no tan niños rompieron los papeles de regalo, descubrieron todo aquello que los de Oriente les «habían echado» por haber sido buenos o mejores: la bondad siempre tiene su recompensa.
A primera hora de la mañana el séquito de los monarcas -con sus mejores galas- pasó por las residencias de ancianos de Avilés. La primera fue la de la calle de Jovellanos, después vino Los Canapés y la mañana concluyó en San Cristóbal. En la segunda de estas residencias los vecinos recibieron con aplausos a los de Oriente. Los Reyes y sus pajes -algunos de ellos con cargo público en la ciudad- repartieron caramelos.
-¡Que los Reyes traen caramelos! -celebró una de las empleadas de Los Canapés.
-Lo que yo quiero es tabaco -reivindicó una anciana.
La tarde, entre gélida y aguada por la lluvia, encerró a los niños y sus regalos en casa. Las horas están contadas para disfrutar de las recompensas a un año de tierna felicidad e inocencia más que reconocida; empieza el colegio. Algunos, sin embargo, se atrevieron a salir para lucir el disfraz de «tortuga ninja» que los Magos le habían dejado junto a los vasos de leche consumidos y los polvorones extinguidos.
El día en que los Reyes Magos más trabajan se cerró con la misma ilusión que se había abierto.