REPRODUCCIÓN DE IGNACIO PULIDO
San Juan de la Arena,
Ignacio PULIDO
El templo parroquial de San Juan de la Arena está a punto de despedir el año tras doce meses de celebraciones con motivo del centenario de su construcción. A lo largo de 2009, la Agrupación Procesional San Juan y San Telmo organizó una serie de actos conmemorativos que tocaron a su fin el pasado día 12 con el oficio de una misa presidida por el obispo auxiliar Raúl Berzosa. Desde que la iglesia fuese fundada en 1909, el inmueble ha sido destruido y reconstruido y ha albergado a varios párrocos que dejaron su impronta en el pueblo marinero.
Los libros existentes en el archivo parroquial contienen numerosos datos sobre la historia del inmueble. En abril de 1909 se realizó un inventario con motivo del fallecimiento de Manuel Cuervo y López, párroco de Santiago de Ranón y de San Juan de la Arena. En el documento se indica que, en esa fecha, La Arena carecía de iglesia tras haberse derruido la anterior por expreso mandato del prelado Barzán y Urruiza. Del mismo modo, se indica que «se estaba construyendo un nuevo templo a expensas del donativo de Victoriano Argudín, Marqués de la Zerda».
Bernardo Agüera y Llera fue el primer párroco en hacer uso de la actual iglesia de La Arena. Este sacerdote recaló en el pueblo cuando las obras del templo aún no habían finalizado. Apenas un año después, Agüera sería sustituido por un nuevo cura: José María García Aznar, que ofició misas en el templo hasta 1942. Aznar fue el encargado de relatar en 1939 los hechos acaecidos el 31 de agosto de 1936, fecha en la que el inmueble fue destruido por unos incontrolados. «La iglesia y la casa rectoral fueron saqueadas y quemadas. No consintieron que se salvara nada de sus ropas, sus dieciséis imágenes, sus seis retablos y sus muebles. Tan sólo se recuperó algo de metal. El cascarón de la iglesia fue convertido en garaje», describió Aznar en el Libro de Cuentas de Ranón y La Arena.
Tras la ruptura del frente del Nalón en octubre de 1937, el párroco Aznar inició los trámites para reconstruir el templo. El cura propuso a los marineros que cediesen el uno por ciento de sus pescas para tales efectos. La propuesta fue acogida por unanimidad y se procedió a iniciar una recaudación que tuvo lugar entre marzo de 1938 y enero de 1940.
Con el dinero obtenido se renovaron los tejados, se pintó con cal la iglesia, se realizaron labores de carpintería y se colocaron las campanas. Cabe mencionar que el altar mayor, el retablo, el púlpito, los confesionarios, el comulgatorio, los escaños y el arca del presbiterio fueron realizados gracias a los donativos de la familia Fierro, de las obreras de las fábricas Albo y González, de Esperanza López, de Carmen García Conde y del matrimonio compuesto por Belarmino Tamargo y Sofía Muñiz. Las obras fueron llevadas a cabo por el contratista praviano Servando Suárez y por el carpintero ovetense José Arce. El presupuesto total de la reconstrucción alcanzó un valor de 74.000 pesetas.
El párroco David Granda López fue el encargado de estrenar la iglesia recién reconstruida. Granda López permaneció como sacerdote en La Arena hasta 1984, aunque residió en el núcleo arenesco hasta su fallecimiento, acontecido en 2004. Jorge Fernández, César Rodríguez y Faustino Martínez, sacerdote de La Arena a día de hoy, son el resto de curas que han ejercido su labor en el templo centenario.