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Mangas y capirotes

Fueros y desafueros

n Ignorar un hecho histórico como la recuperación de la carta fundacional de Avilés sólo puede ser perjuicio, quebranto y desdoro

 
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Fueros y desafueros  

TONI FIDALGO Me ha producido sorpresa la poca relevancia que ha tenido la recuperación del Fuero de Avilés. Bien es verdad que la fecha de presentación coincidió con el foco periodístico disperso por la acumulación y la inmediatez de la actualidad, lo que seguramente no se valoró debidamente desde el Ayuntamiento -políticos, asesores?-, pero también lo es que ha habido una evidente preterición de un hecho histórico. Y no desde las páginas de información general, que atendieron de manera consecuente la noticia, sino desde el columnismo especializado -con la excepción del artículo que publicó ayer Alberto Del Río en estas mismas páginas-, círculos intelectuales y Gobierno autonómico, que en otras ocasiones se vuelcan con aquellos eventos históricos o de cualquier otra materia que por su propia naturaleza constituyen un acontecimiento ya sea local, regional o nacional. No sé si ha habido distracción por otros asuntos que afectan el día a día y a nuestros bolsillos, pero creo que no debemos perder la perspectiva de nuestra trayectoria y el largo camino de nuestra historia. Ignorar, despreciar o no valorar suficientemente lo propio, nuestras señas de identidad, documentos fundacionales, hitos del camino, piedras angulares en nuestro edificio ciudadano, se me ocurre que sólo puede ser, en efecto, perjuicio, quebranto y desdoro de nuestras raíces.

Yo no digo que este pergamino sea el más importante en la vieja trayectoria avilesina, asturiana incluso. Tampoco pretendo compararlo con las Glosas Emilianenses, el Beato de Liébana o el Cantar de Mio Cid, por poner algunos ejemplos significativos, pero sí recuerdo que el Fuero de Avilés es el documento más antiguo de todos los conservados en nuestra región, el que recoge los derechos, exenciones, libertades y privilegios concedidos a la Villa y a sus habitantes por Alfonso VI, en el año l085. Hay que resaltar, además, que pertenece, según leo en la documentación que me he procurado, a la tipología de Sahagún, al de poblaciones ya asentadas, y en él se reconocen -no se otorgan- derechos que sus pobladores ya poseían. Está fechado, como su gemelo mayor, en 1155, y es una confirmación por parte de Alfonso VII de todos los privilegios concedidos anteriormente a Avilés por su abuelo Alfonso VI. Corrobora, por tanto, y hasta perfecciona el primer documento, ya que añade caligrafía de un nuevo amanuense y agrega dos nuevos párrafos -recogidos posteriormente en el fuero de Oviedo- para completar el primer texto y conformar un todo. También plantea nuevas evidencias en el conocimiento de la historia local, de la asturiana y de la general de España, ya que los fueros municipales son trascendentales para el conocimiento de nuestras leyes civiles antiguas y, por supuesto, para el de nuestra historia constitucional, política y administrativa.

El maestro de filólogos e historiadores Rafael Lapesa ya estudió en 1948 la significación de estar escrito en romance asturleonés con rasgos provenzales y la de inscribirse en la lucha de normas que se da en los dialectos hispánicos a lo largo de la Edad Media. Y si otras lenguas o dialectos fueron estériles, quedaron fosilizados o fuera del camino, el nuestro tuvo efecto generador en la conformación del español.

Sea como fueren las cosas, que dejamos al estudio de expertos, a mí no me duelen prendas en resaltar -en la misma medida que critiqué hace días la necedad y torpeza política de regular nuestras vidas más allá del cuarto de baño- la feliz operación de la Alcaldesa y del concejal de Cultura especialmente -incluido el PP si realmente inició las gestiones-, que han sido capaces de gestionar con discreción y sin alharacas la devolución de este gemelo del Fuero.

Ha permanecido dos siglos en posesión de los herederos de Pascual Quílez y Talón, que se lo llevó en l808 de la Regencia de Oviedo para evitar que cayera en manos de los franceses. Pertenecía moralmente, es cierto, al archivo municipal, en cuyos inventarios consta, pero rescatarlo por las bravas hubiera llevado a pleitos interminables o a la interferencia de otros intereses bastardos. Se ha hecho, además, a un precio ridículo, pagado en gran parte por instituciones y empresarios, y evitando que haya podido caer en las garras avaras de las grandes casas de subastas (Sotheby's o Christie's), que hubieran pedido un pico y cuyo rescate, entonces, sólo hubiera sido posible, en todo caso, por el Estado.

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