VICENTE MONTES VICENTE.MONTES@EPI.ES
Hay asuntos que son casi de chiste, como el de la dichosa perrera de Avilés. Ya se ha convertido en todo un clásico de este concejo, como el Palacio de Camposagrado, la calle Galiana o la longaniza de Avilés. Va camino de ser un elemento de la idiosincrasia avilesina, una seña de identidad que en años y años haya resultado imposible poner en marcha algo aparentemente tan poco enjundioso como un albergue de animales. Los de la plataforma siguen erre que erre con sus protestas semanales a ver si al menos a los del Ayuntamiento se les cae la cara de vergüenza, tengan o no la culpa, que no se me enfade Rañón. Pero ni con ésas. No dudo de que haya buena voluntad, pero cuando alguien promete algo y no es capaz de cumplirlo por las razones que sean, debería, simplemente, decirlo: «Oigan, que esto no puede ser». Hubo quienes fueron escépticos con el Niemeyer y pasito a pasito ahí asoma. Quizá mejor sería encargar un proyecto singular de perrera a, pongamos por caso, Norman Foster. Quizás así habría suerte.