Con el Tiempo y una caña...
FRANCISCO L. JIMÉNEZ
En la década recién finalizada han cambiado los interlocutores pesqueros, pero persisten los mismos problemas. Es como si no hubiese pasado el tiempo. Pero, claro, el reloj sí que ha corrido y mientras en Avilés se gastaban las energías en disputas intestinas, en otros puertos del Cantábrico, mal que bien, hacían los deberes. El paradigma de lo anterior son los nueve años empleados en llevar a cabo el proyecto para la construcción de una lonja climatizada en la ciudad, un viejo anhelo del que comenzó a hablarse a finales de los años noventa del pasado siglo y cuya gestación, rematada ayer como quien dice, fue pródiga en vicisitudes. Los rescoldos de las múltiples batallas libradas a santo de la rula aún caldean el ambiente del maltrecho sector pesquero local. Y por si no fuese poco con los líos domésticos, Bruselas se encarga de apretar cada año un poco más las tuercas a los pescadores y la crisis ha venido a hundir aún más si cabe los precios del pescado. Así las cosas, sobran motivos para estar preocupados.
La trama pesquera de los últimos diez años está salpicada de peripecias a cual más indeseable para la buena marcha del negocio. Y con el añadido de que por ser Avilés el principal puerto pesquero del Principado, el eco de lo que aquí pasaba resonaba en toda la región. La década no empezó mal: en noviembre de 2001 la Autoridad Portuaria se avino a atender la reclamación de los pescadores y los comercializadores de construir una nueva rula en la ciudad. Otros puertos estaban tomando la delantera y la lonja de la avenida del Conde de Guadalhorce, por anticuada, estaba más que amortizada. Coincidiendo con la muerte de Clemente Jesús Muñiz Guardado, el hombre que marcó una época al timón de la cofradía «Virgen de las Mareas», el Puerto remitió a Madrid el proyecto de la nueva lonja. Corría 2003 y los pescadores se las prometían felices.
Lo que ocurrió durante los siguientes seis años -los que se necesitaron para poner en funcionamiento la lonja- tiene mal resumen: politización del sector, enfrentamiento de diversos colectivos pesqueros, boicots a la comercialización del pescado en Avilés, declaraciones subidas de tono y, como telón de fondo, la sensación de que el caballo se había desbocado. Desde 2004 a 2009 se habló de todo menos de pesca y mientras la atención se centraba en ese reñidero nadie pareció percatarse de cuánto se estaba agudizando una serie de amenazas capaces de hundir del sector: carestía del combustible, escasez de mano de obra cualificada, reducción de los cupos de capturas de especies de alto valor comercial, obsolescencia del sistema tradicional de comercialización...
Lo cierto es que la nueva rula (18 millones de euros de inversión) abrió dejando atrás un reguero de ceses y destituciones en órganos de la administración que se involucraron en la tangana. Y lo hizo con la familia pesquera dividida, con la cofradía de pescadores relegada a funciones meramente representativas, con la competencia fortalecida y con la flota menguada a niveles alarmantes: quedan cuatro barcos de cerco operativos en Asturias, los arrastreros son hoy la mitad que al inicio de la década y el futuro de la flota de altura pende de un hilo, según advierten los propios armadores. La lonja lleva ocho meses en funcionamiento, ha salvado el año 2009 en términos de tonelaje (de los precios mejor no hablar) y constituye -a falta de noticias del Principado en sentido contrario- la última esperanza del sector, el único flotador en medio de la galerna. Quizás con el tiempo y una caña...
Se acabaron las subastas de pescado a «ras de suelo», como la que se ve en la imagen de la izquierda, tomada en la vieja rula; desde abril de 2009 Avilés tiene una de las lonjas pesqueras más modernas del país. Una cadena de frío, cintas transportadoras, una red de cámaras de vídeo y los avances informáticos puestos al servicio de la pesca hacen posible una comercialización ágil y salubre del pescado. La nueva lonja, en la imagen de la derecha, se acabó sobreponiendo a los nueve años de bronca empleados en su diseño, construcción y puesta en funcionamiento. Lo que los pescadores y comercializadores se preguntan es si la instalación llega a tiempo. La nueva década lo dirá.