VICENTE MONTES VICENTE.MONTES@EPI.ES
Avilés hace ya la cuenta atrás para el Carnaval, una cita festiva que se ha descafeinado un poco y que quizás ha perdido aquella pizca de ordenada transgresión bajo la que nació. Los intentos del Ayuntamiento para impulsar las fiestas antroxeras han ido conduciendo a una actividad cada vez más institucionalizada y menos espontánea. La excesiva intervención de los poderes públicos resulta a veces contraproducente, si bien hay que reconocer que a veces si no tutela alguien, las cosas acaban muriendo de inanición. El problema está en si ese guiño de colaboración no acaba por convertirse en el abrazo del oso. La añoranza de los tiempos pasados no conduce a nada, porque cada época tiene sus circunstancias y quizá las fórmulas de éxito de antaño no sirvan ahora. Los ritos generacionales, los intereses colectivos, fluyen como ríos, variando con el paso del tiempo. Pero el Carnaval siempre es una celebración que atrae. La cuestión será escuchar a cuantas voces planteen ideas para reflotarla.