JAVIER GANCEDO
De nuestro corresponsal,
Falcatrúas.
Hace unos años llegó un día a Bildeo de visita un sobrino de Don Antonio, el Pingarato, ya saben, el cura. Era un rapaz como una viga, que respondía por Xurde, poco hablante él. Aquí te juzgan positivamente nada más llegar si eres hablante, el equivalente en versión local de persona simpática, con dos de gentes, buena presencia, etc., es decir, lo mismo que piden las empresas a los candidatos a cubrir cualquier puesto de responsabilidad, así que fíjense cómo hilan por estos pagos. Lo de Xurde viene a ser como Jorge pero dicho en casín.
El chaval estudiaba Derecho en Oviedo, no se sentaba porque quería crecer, y vino a pasar unos días con el tío, pero el cura no disponía de tiempo teniendo que atender un montón de pueblos, andaba siempre a las carreras, chumando por los altares, los de Tráfico lo tenían fichado como aficionado al morapio. Total, que el párroco enjaretó el rapaz a Ramón el Tumbao pa que lo llevara de excursión; Pepe Torazo solidarizose con él y prepararon una caminata para el día siguiente bien temprano.
-Mañana, a las seis, aquí, como clavos.
Adivinábase el amanecer por allá alantrón cuando partieron; Xurde iba con unas botas de montaña tremendas, pantalones de camuflaje, mochila de tres pisos, cantimplora, chambergo de explorador, cuchillo tipo cimitarra metido en cueros y bastones de esquiar. Era el mes de Julio.
Ramón y Pepe iban de diario, portando como complementos sendos cayados y morrales con algo de comer, una bota de vino y un pequeño tanque de porcelana. Camino de las brañas, al principio iban explicando al mozo las peculiaridades de los lugares por donde iban pasando, pero se fijaron en que Xurde llevaba unos corchos negros en los oídos, así que los dos bildeanos se limitaron a intercambiar algunos comentarios entre ellos.
A las dos horas pararon a comer un bocado al lado de una fuente. El chaval se sentó y descorchó las orejas.
-¿Tienes problemas de oído?
-¿Cómo?
-Que si eres sordo o andas mal del oído.
-¿Por?
-Como llevas esos chismes?
-No son audífonos, son auriculares; voy escuchando música.
Como ellos quedaran con cara de interrogación, Xurde sacó del bolso un aparatín en el que iban enrollados los dos pinganillos con los cables correspondientes. Ellos nunca habían visto nada parecido.
-Eso que os perdéis al vivir en un pueblo. En Oviedo no tenemos estos paisajes, pero tenemos estos adelantos.
-Tienes razón -concedió Ramón-. Entonces, no te habrás fijado en un rebaño de venados que dejamos atrás, al pasar el Regueiro de las Argaxadas.
-No, no los vi.
-Tampoco te habrás fijado en el bando de perdices que espantamos al pasar por aquel piornal.
-No, no me di cuenta.
-O sea, que ves normal andar por el monte sin escuchar lo que pasa alrededor tuyo. ¿Qué música vas escuchando con esos auriculares?
-Música clásica, hoy tocaba Mozart, por la Sinfónica de Londres.
-A mi -dijo Pepe con aplomo-, si me dan a escoger, prefiero escuchar a Pepe el Ferreiro machacando fierros en el incla.
-Hombre, no se pueden comparar.
Ante el silencio del mozo, Ramón prosiguió:
-Voy contate una historia que pasó ahí, pa la parte de Teverga. Un señor importante de Madrid taba empeñao en cazar un urogallo; anduvo moviendo amistades y tal pa tener el permiso, hasta que un buen día, lo avisaron de que taba todo arreglao. Garró un avión, llegó a Ranón de noche, había un coche esperándolo, lleváronlo a dormir a un pueblo de Teverga y acostose. Despertáronlo de madrugada y subiéronlo en un todo terreno hasta llegar a una braña, todo esto antes del amanecer. Caminaron más de una hora por el monte; en un momento dado, entre las fayas, el guarda mandolo tar quieto parao; escondiéronse detrás de un bardial y el de uniforme, le dio un toque en el hombro y señaló con el dedo: el madrileño apuntó con la escopeta en esa dirección a una sombra con plumas que podría ser lo que andaba buscando, disparó, acertó y todavía llegó a tiempo de coger el avión de vuelta a Madrid a las 9 de la mañana.
-Pero yo no vengo a matar ningún urogallo.
-El de la historia vino y marchó de noche, no supo en qué pueblo durmió, ni cómo se llamaba el guarda, ni dónde cazó el páxaro. ¿A ti, un chaval listo, camín de ser abogao, parezte normal andar por aquí sin enterate de lo que bulle alrededor tuyo?
Pepe se sintió obligado a intervenir también.
-No le interesa el paisaje pero bien que presume de bufanda florida al cuello.
-Es una braga, no una bufanda.
-¡La madre que me parió!
Seguiremos informando.