MANUEL PONGA
EX ALCALDE DE AVILÉS
Llevamos una mala racha de amigos y compañeros que se van. Naturalmente que el calendario es implacable y nos hacemos mayores, pero ¡cómo duele que seres tan queridos, a los que uno les debe tanto por el ejemplo vital que nos dieron, desaparezcan de tu lado! Es inevitable entristecerse y llorar su ausencia, pero la única manera de que no se vayan del todo es recordarlos siempre.
José Manuel Varela, que ayer nos dejó, fue una de las personas que me condujeron a la política. Cierto es que el embrión de esa vocación ya estaba en mi casa, a través de mi abuelo y de mi madre, especialmente, pero su ejemplo y quehacer diario, y el de personas como él, fueron un acicate inequívoco para que yo accediera a la vida política y tuviera el inmerecido honor de ser alcalde de este pueblo.
Hicimos la mili juntos, en el año 1957. ¿Quién nos iba a decir a ambos, cuando hacíamos la instrucción y las temidas guardias en el Pinar de Antequera (Valladolid), que estaríamos juntos dos décadas después en la primera Corporación democrática de Avilés? Ya habíamos coincidido en la primera junta gestora de Padres de Alumnos del Colegio Carreño Miranda, pues nuestros hijos pasaron a la escuela pública juntos. Se amontonan hoy los recuerdos ligados a él, tantos y tantos que darían para escribir un libro.
Varela fue primer secretario general de la Agrupación Socialista de Avilés en los años 79-80. Años difíciles, con grandes discusiones políticas en el seno del partido entre los veteranos y los jóvenes de entonces (cómo pasa el tiempo y cómo cambian las cosas). Podríamos hacer un panegírico de su actividad como primer secretario y de su actividad política dentro y fuera del partido, pero ni el lugar ni el espacio lo permiten.
Más bien quiero recordarle en su actividad municipalista, y en su labor en su concejalía de Medio Ambiente, que en el año 1979 sonaba a algo inédito no solamente en Avilés y en Asturias, sino en el resto del país. Fue Avilés la primera ciudad en establecer dos comisiones pioneras en España. Una, la de Medio Ambiente, que presidimos, y donde él fue en muchas ocasiones sustituto del alcalde, presidente de la comisión en Madrid; y otra la de Movimiento Ciudadano (él formó parte de la junta directiva de Versalles). Con él fuimos a Londres a comenzar lo que hoy es la realidad del saneamiento de la ría. Aquel viaje criticado porque «íbamos a divertirnos», según la opinión no sólo de la oposición, sino de otros muchos que hoy están callados o apuntándose al carro del éxito de lo logrado. Él fue decisivo en la consecución del llamado «cinturón de Valliniello», cuando era un foco de contaminación casi inhabitable para sus vecinos, ubicados luego en zonas más salubres de Avilés. Él fue defensor a ultranza de la desaparición de la fábrica de harinas conocida como La Fedionda, que «aromatizaba» la entrada en Avilés con un «perfume» que queda para el mal recuerdo y que dio pie a que la Cofradía de Pescadores de entonces, siempre en su línea, anunciara que con su desaparición se conseguiría la destrucción de la comercialización de la pesca en la ciudad. Tan visionaria hipótesis la escenificaron colocando a la puerta del Ayuntamiento una docena de cajas de sardinas en plenas fiestas de San Agustín, con un sol propio de la estación veraniega.
¡Hay tantas y tantas anécdotas y logros vinculados a este hombre callado, trabajador y honrado que con su quehacer discreto era llamado por todos sus compañeros «la hormiguita»...! Nunca hubo ni habrá actas de las reuniones en el partido ni en el Ayuntamiento como las redactadas por él. Ni persona más trabajadora por y para su ciudad. Siempre -y me consta que también en su ámbito profesional , donde ejerció brillantemente como oficial de notarías- estará en el recuerdo de quienes tengan memoria.
Últimamente te dedicaste a que el grupo de Cristianos por el Socialismo funcionara. Ya enfermo, te fuiste al congreso de Córdoba para traernos tus impresiones y ánimos; para que nadie se arrogue lo que es de todos. Clarisa y tus hijos sólo tienen motivos para estar orgullosos de ti, como nosotros lo estamos. Siempre nos servirás de guía y ejemplo.
Te prometo cantar «La Internacional» en tu despedida, como a ti te gustaba despedir a los tuyos. Y hay un verso de Rafael Amor que llevaré siempre conmigo en tu recuerdo: «En el camino aprendí / que la humildad no es sumisión. / La humildad es ese don / que se suele confundir. / No es lo mismo ser servil / que ser un buen servidor».
Hasta siempre, compañero del alma, compañero.
El funeral por José Manuel Varela será hoy, a las 17.00, en Santiago de Ambiedes (Gozón).