RAMÓN ARTIME
TENIENTE DE ALCALDE DE GOZÓN
Cuando en el año 2005 el Ayuntamiento de Gozón tomo la decisión de asumir la fórmula de gestión indirecta del servicio de aguas, la situación de nuestra red municipal era realmente catastrófica. El mal estado de las tuberías, la inexistencia de planos que reflejasen por dónde discurrían éstas, las pérdidas de agua, cifradas en torno al 80 por ciento, y, sobre todo, la pésima calidad del servicio que estaban recibiendo los contribuyentes, creo que eran argumentos que hablaban por sí solos de la necesidad y urgencia de tomar medidas.
Es cierto que en aquel momento se podía haber optado entre la fórmula aprobada o la utilización de los recursos humanos con los que podía contar el municipio. Finalmente se valoró que la premura y la urgencia primaban en este caso, dado que además se habla de privatización, pero en realidad se trata de concesiones por períodos de tiempo determinado, que se pueden renovar o decidir el retomar nuevamente la gestión de ese servicio.
De lo que no cabe duda es de que nosotros no inventamos la fórmula de esta denominada gestión indirecta, ni mucho menos hemos sido pioneros en su adopción. Sólo hace falta conocer los datos de cómo ha ido evolucionando este servicio en otros ayuntamiento de nuestra región para cerciorarse de algunos datos significativos. En este sentido, a mediados de los ochenta fue el concejo de Lena, gobernado por Izquierda Unida, el pionero indiscutible en esta «gestión indirecta», al que seguirían otras más hasta completar la cifra de unos treinta y uno, gobernados por diferentes opciones políticas que no vienen al caso, aunque existió una mayoría de izquierdas al principio.
Todo lo cual viene a demostrar que con independencia del credo político, los ayuntamiento han buscado la solución que han creído más oportuna, rápida y eficaz, para un servicio básico para el ciudadano. Y desde luego no admito que nadie me venga con historias increíbles que vinculen determinadas opciones políticas con esas pretendidas privatizaciones de servicios que, como queda claro, no lo son.
El problema del agua en nuestra región existe, es real, y como en el resto de cuestiones, la solidaridad es un principio básico para alcanzar soluciones, almacenando agua en aquellas zonas susceptibles de hacerlo, para garantizar el abastecimiento en otras que no reúnen condiciones.
Y todo este tema hay que explicarlo nuevamente al ciudadano porque hay personas interesadas en sembrar dudas y lanzar alarmas inexistentes, para ganar protagonismo. El agua en Gozón no ha modificado su precio últimamente, y no tan sólo eso, sino que la congelación de las puestas al día de su precio ha minimizado la subida producida hace unos dos años.
El ciudadano tiene que saber valorar y mesurar las informaciones interesadas que recibe, que ocultan aquella parte de la realidad que no interesa. Porque las inversiones que se programan van a permitirnos tener una red saneada y moderna en todos los aspectos. Es decir, sin pérdidas, conociendo sus trazados y poniendo al día las situaciones en las que se eludía arteramente el pago del recibo. Al final todo ello redunda en un ahorro considerable para las arcas públicas y en un mejor servicio para el ciudadano, pero para todos, no solo los de Luanco, sino para el resto de parroquias que componen nuestro municipio, de las que parecen olvidarse a menudo esas personas que se erigen ellas solas en defensoras de todo lo que se les ponga a tiro. Repito, sólo quieren protagonismo.
Algunas personas muy conocidas en nuestra comunidad son capaces de batallar contra los mismos molinos que don Quijote, utilizan todos los medios de comunicación a su alcance con indudable eficacia, es decir, prensa, radio, mensajes telefónicos e incluso pueden recurrir a los anónimos. Aseguran que su intención es dar brillo a unos supuestos diamantes que están sucios por la ineficacia municipal, presentan dura batalla a estas privatizaciones, pero en su momento no han dudado en adueñarse de denominaciones tradicionales de la artesanía que es patrimonio de este concejo, de forma más o menos legal, pero adoleciendo de la más mínima ética y sin reparar en medios para hacer prevalecer sus nuevos derechos sobre los demás.