Francisco L. JIMÉNEZ
«En las aguas nacionales de Asturias que pesque quien quiera, pero las interiores que ni las toquen». Así de tajante se mostró ayer el presidente de los armadores de cerco asturianos, Rafael Rodríguez, sobre la posibilidad de autorizar la presencia en aguas próximas a la costa del Principado, que constituyen el caladero regional, de cierto número de cerqueros foráneos para así garantizar la llegada a la rula de materia prima en cantidad suficiente para abastecer el mercado.
Los armadores de cerco asturianos -cuatro en activo- esgrimen en su defensa que los caladeros están lejos de su mejor momento y aseguran que el desembarco de más kilos de pescado tendría como consecuencia un desplome de los precios, ya de por sí bajos. «El lunes se rularon 540 cajas de sardina y se pagó a 90 céntimos el kilo; hoy (por ayer) fueron 1.100 cajas y el precio bajó a 30 céntimos. Es fácil deducir que, si el Principado abre la puerta a los gallegos, aumentaría la cantidad de pescado a la venta y los precios caerían en picado, que es precisamente lo que pretenden los comercializadores», razona Rodríguez.
El presidente de la Federación Asturiana de Cofradías, Dimas García, respaldó la postura de los cerqueros, que reivindican la pesca en exclusividad en las aguas interiores (las delimitadas por líneas imaginarias que unen los cabos de la región). El presidente de la entidad homóloga gallega, Benito González, defendió a este diario la concesión de licencias para «entre cinco y diez» barcos de la comunidad vecina y aseguró que así se «fortalecería» el mercado pesquero de Asturias. La Dirección General de Pesca, la entidad con competencias para dar las licencias, tiene previsto reunir la próxima semana a las partes en conflicto.