ALFONSO LÓPEZ MENÉNDEZ
VICARIO PARROQUIAL DE
SAN NICOLÁS DE BARI
De película. Si no leo no lo creo: las Juventudes Comunistas han tocado a rebato las campanas democrático-laicistas de Avilés advirtiéndonos del grave peligro que corremos. Las miradas asustadas se dirigen hacia el Ayuntamiento. «¿Está el enemigo dentro?», preguntamos... «No, no. ¡Mucho peor!», nos contestan alarmados. «¡Hay una Virgen encima de la puerta!» La verdad que nos hemos pasado la noche en vela... Vamos, que a partir de hoy en la Villa del Adelantado se ha acuñado una nueva definición de joven comunista: «aquél sin otra preocupación que buscar piezas arqueológicas que le puedan "interesar", cual Indiana Jones y el arca perdida». Quién nos iba a decir que Cáritas es hoy más comunista que los retoños de la hoz y el martillo, denunciando la carestía de muchas familias, la dureza de estos tiempos y pidiendo más justicia. ¿Es la crisis galopante y los 10.000 avilesinos en paro el problema más grave de nuestra ciudad? ¿Es nuestra decisión más importante el proyecto aglutinador y con futuro del Niemeyer? ¡No! Las «JJ CC» nos alertan del peligro social de la Virgen del Pilar. ¡Toma castaña, mañico! Tuve la suerte en mis primeros años de estudiante, en clase de Religión y en un colegio público, de conocer a alguien a quien definieron siglos después como el primer comunista: carpintero de profesión, azote de fariseos e hipócritas vividores, que se gastó al servicio de enfermos y pobres, para ser finalmente ajusticiado por el poder político en una Cruz, esa que hoy precisamente sobra. Sí, camaradas: Jesucristo. De quien todos podríamos aprender para ser verdaderamente útiles a nuestra sociedad, denunciando un sistema que provoca semejantes desigualdades, atacando la corrupción, echando una mano y unos dineros a los necesitados, tomando la calle para movilizar a nuestra juventud que cada vez tiene más fastidiado el acceso a trabajo y vivienda.
Pero este cantar no llegó al último compás: queda Carnaval. No sé qué harán estos jóvenes cuando vean tantos curas y monjas. ¿Volverán a doblar campanas laicistas por internet para anular semejante despropósito, pensando que asisten a una procesión místico-folclórica? ¡Menuda marcha triunfal! Pero la vida es muy dura para que nos tomen el pelo con semejante tamborrada. Aporto mi idea sobre qué podemos instalar en la hornacina del Ayuntamiento para ensalzar la Democracia y la Libertad: dos piedras. Una del muro de Berlín cuya caída estamos celebrando, señal del aislamiento obsesivo de un sistema económico a millones de europeos. Otra de la plaza de Tiananmen, señal de la represión y tortura sistemática de un sistema político a miles de jóvenes chinos que soñaban también con la libertad y la democracia. ¿Qué podrá ofender más? Yo, no obstante, me quedo con la Virgen del Pilar.