Amaya P. GIÓN
El vino es su pasión y desde hace apenas tres años también su negocio. La sumiller gozoniega Leticia Álvarez González exporta vinos a México, donde también los promociona de cata en cata. La emprendedora, de 34 años, gestiona la distribución de los caldos desde uno de los ocho nuevos despachos del centro de empresas La Curtidora, recién estrenados.
Tierra de Uva, la sociedad limitada en la que trabaja, nació «por casualidad». «Conocí a un mexicano en una cata, nos asociamos y nació la empresa», explica. La afición por el vino le viene de mucho más atrás. Empezó a interesarse por el mundo de los viñedos siendo niña, cuando fue con su padre, hostelero de Cabo Peñas, a una cata. Leticia Álvarez, licenciada en Filología Hispánica, se formó, además, en la Escuela de Hostelería de Barcelona, estudios que complementó con otros cursos y catas.
«Tierra de Uva es una empresa doble, por decirlo de alguna manera. Tenemos una oficina en México, en Puebla, y otra aquí. Me dedico a comprar vino, lo consolido y lo vendo. Además, cada dos meses viajo allí para promocionarlo», explica. Asegura que «los vinos españoles son de los más aceptados» en el país centroamericano. Le siguen los argentinos y chilenos, «por el precio». «El francés, en cambio, no se vende nada de nada», apostilla. Los mexicanos, además, se decantan por los tintos.
La empresa exportadora, que vende principalmente a mayoristas y restaurantes, analiza ya la posibilidad de poner en marcha un establecimiento propio. «Estamos haciendo un estudio de mercado. Nuestra idea es ampliar la oferta con productos «gourmet» y cosméticos a partir de aceite de oliva», relata. Y es que una vez consolidada, la firma tiene ya la vista puesta en la expansión. La crisis, explica Álvarez, no ha mermado el negocio, si bien las entidades bancarias «no ponen más que zancadillas». «Estamos vendiendo más o menos lo mismo y el negocio se está afianzando, pero han sido tres años muy duros. Cuando empezamos, los bancos no nos pusieron ningún problema. Ahora el principal obstáculo que nos encontramos es el acceso al crédito. Estoy segura de que si intentásemos montar ahora la empresa no podríamos», considera la sumiller, que distribuye unas 50.000 botellas de vino al año, la mayoría de caldos castellanos.
Con un paladar y un olfato privilegiados, Leticia Álvarez sentencia que se puede beber bien y a buen precio, aunque no es capaz de nombrar su caldo preferido. «No tengo ninguno, el vino depende del momento y de la compañía», concluye la emprendedora.