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Dos fueros mellizos para Avilés

El valor del nuevo ejemplar de la carta fundacional de la villa

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Dos fueros mellizos para Avilés
Dos fueros mellizos para Avilés  

MIGUEL CALLEJA PUERTA
PROFESOR TITULAR DE PALEOGRAFÍA Y DIPLOMÁTICA (UNIVERSIDAD DE OVIEDO)
Las comparaciones son odiosas

Hace un año que oficialmente se nos comunicaba a todos los asturianos la triste noticia de don Carlos Osoro Sierra, como arzobispo de Valencia. Muchísimos fieles le queríamos, por eso digo «triste»; muchas personas sintieron su marcha. Para mí fue y es todavía una pérdida que no voy a poder superar esa cercanía, amabilidad y cariño que tenía hacia todos, es difícil de igualar y esto no es como un equipo de fútbol que un jugador va y puede volver: don Carlos no volverá a ser arzobispo de Asturias, eso para mí es insuperable y no me lo puedo quitar de la cabeza.

A pesar de todo, todavía se puede leer en la prensa a gente y sacerdotes que escriben en su contra, creo que estos impresentables son, como decía Jesús, sepulcros blanqueados, raza de víboras que sólo saben hacer daño. ¿Cuándo vais a dejar en paz a don Carlos con vuestra carroña llena de hipocresías? Ya está bien. Hasta en la hoja parroquial «Esta Hora» que se da en las iglesias se critica indirectamente a don Carlos Osoro, alabando a su vez al nuevo Arzobispo, al cual le deseo la mejor suerte en Asturias, aunque yo ya tenga hecha mi elección.

Parece que algunos sacerdotes van por libre, como pasa en San Sebastián, y así llegan las críticas; los obispos piden obediencia como en su día pidió don Carlos Osoro, pero ni caso. Así están algunos que dan pena en sus parroquias. Para estos sacerdotes parece que les va bien lo que dice nuestro admirable humorista José Mota: «Las gallinas que entran por las que van saliendo».

José Villoldo Hierro

Avilés

La plaza de Avilés

Siempre pensé que en Avilés teníamos la plaza más bonita del norte de España. Acristalada, con columnas que nos recordaban lejanamente a aquella época decimonónica de recursos férreos eiffelianos...

Por desgracia, toda la bellísima estética de la plaza quedaba cercenada por la construcción existente en su centro, dedicada a mercado, que, si bien necesaria, no es el lugar más adecuado.

Ahora tenemos la oportunidad de arreglar semejante injusticia estética. Con motivo del próximo arreglo del recinto, se ha construido uno provisional en el parque de las Meanas... y resulta que lo que iba a ser momentáneo, para mi resultó ser todo un acierto. El nuevo mercado es estéticamente aceptable, y lo que es mejor, está junto a un aparcamiento subterráneo con lo que se solucionaba uno de los principales problemas que sufría el anterior recinto.

Todas las plazas mayores de las ciudades tienen una belleza especial, de sitio de reunión, de paseo, de disfrute visual... Todo el mundo conoce la playa mayor de Salamanca, de Madrid... y ninguna de ellas tienen la más mínima construcción en su recinto que perturbe la estética del conjunto.

Avilés también lo merece. Solo de pensar en estar tomando una cervecita en una terraza bajo sus soportales disfrutando de la inigualable vista de las cristaleras, me entristece muchísimo que no seamos capaces de llegar a ello.

¡Señora alcaldesa de Avilés, aprovechemos esta oportunidad!

Jaime Getino Getino

Avilés

La Historia no cesará jamás de escribirse porque investigar el pasado es también escribir sobre nosotros mismos, sobre lo que somos y lo que querríamos ser. Por ese motivo, no hay ciudad ni villa que no tenga su historia local, y en ella se ha reflejado siempre el deseo de valer más y ser mejores. Algunas veces esas historias pasaron al papel, y otras muchas se perdieron, o quedaron en las voces de quienes las contaban y no llegaron nunca a escribirse. Pero así se ha ido tejiendo una imagen de la comunidad urbana, y también una historia de Avilés, que como todas tiene su geografía mítica y sus mitos fundacionales.

Por eso, descubrir y recuperar un nuevo ejemplar del fuero de Avilés es en sí mismo un acontecimiento importante para la villa. Pero su valor va mucho más allá del marco local. Y son dos aspectos los que le dan al fuero de Avilés ese algo más: por un lado, la antigüedad de la fundación de la villa en el contexto del país; y con ello lo que nos sugiere sobre el dinamismo de la comunidad avilesina que supo poner por escrito sus normas de convivencia y buscar para ellas la sanción del rey.

Si la antigüedad es un grado, nunca insistiremos lo suficiente en que la villa de Avilés fue la primera en la que se fijaron los reyes castellanos como comunidad cargada de futuro. En el gran frente atlántico, que a mediados del siglo XII se abría al comercio marítimo y prometía traer una nueva ola de prosperidad, Alfonso VII amparó a una comunidad avilesina ya floreciente en 1155. Pero hay que esperar hasta 1208 para que La Coruña recibiese la gracia regia, y a 1300 para la concesión del fuero de Bilbao.

Más aún. No sólo es antigua la villa de Avilés, sino que también lo es su fuero, que se ha conservado en la forma original en que manos firmes de habilidosos calígrafos la llevaron al pergamino a mediados del siglo XII. Hace algunos años recibí el encargo de estudiar los fueros de las villas cantábricas, y una de las conclusiones hacía brillar al de Avilés: la inmensa mayoría resultaron ser copias muy tardías. En el siglo XIII, en el XIV y aún después cada villa escribió su historia, trazó su origen mítico e invocó a algún rey al que atribuir su fundación. Pero junto a todos ellos destacaba, enigmático, el ejemplar avilesino.

El fuero de Avilés que siempre se ha conservado en el archivo municipal destacaba por su escritura, por su lenguaje y por su elaboración, y en el último siglo ha interesado a lingüistas, historiadores y diplomatistas. Por muchas razones parece un documento original de la segunda mitad del siglo XII; pero no pocos rasgos lo hacen peculiar entre los documentos de Alfonso VII, y con frecuencia se ha dudado de su originalidad. Por eso, la localización de una redacción paralela y datable en la misma época es un acontecimiento científico de gran valor histórico.

Ese nuevo ejemplar ha sido bautizado en las últimas semanas como gemelo del que ya conocíamos. Pero, si se me permite continuar con el símil, creo que su carga genética es más rica y diversa que la que esperaríamos en una anodina copia, y que le conviene más el calificativo de mellizo. Tuvo los mismos padres que el que ya conocíamos: la villa de Avilés lo gestó y Alfonso VII le dio el primer apellido; y ambos proclaman haber nacido por la misma época, en enero de 1155. Y sin embargo, no son iguales: la versión nuevamente localizada incluye dos preceptos que faltaban en la redacción que conocíamos hasta ahora.

¿Qué significan estas discordancias de contenido? En estos dos hermanos que han vuelto a encontrarse, esta no es una simple cuestión de ojos grises o pardos. Y al historiador le plantea una situación nueva y otra vez ejemplificante. No conocemos ningún caso similar en todo el reino: si un posible original distinguía al fuero avilesino, disponer de dos va más allá de la casualidad, y pone a Avilés en el mapa de los estudios histórico-diplomáticos.

La más moderna edición del fuero de Avilés la hicimos María Josefa Sanz y yo mismo en el año 2005. En su estudio destacábamos la particularidad de su texto, y sugeríamos que podría tratarse de un documento redactado por los propios vecinos de Avilés y llevado luego a la corte de Alfonso VII para obtener su aprobación. El reciente hallazgo de otro ejemplar confirma la idea de que fue muy cercano el contacto de los avilesinos con la monarquía en esta etapa de su historia. Y asimismo nos indica que, desde muy pronto, los avilesinos fiaron su destino colectivo a las garantías de la letra escrita, algo que entonces era extremadamente novedoso.

Nuevos estudios podrán desarrollar estas y otras hipótesis. Pero mientras tanto, el hallazgo y recuperación de este excepcional pergamino debe ser celebrado como una buena noticia que, desde Avilés, redundará en beneficio de la Historia común del país entero.

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