Myriam MANCISIDOR
El movimiento asociativo avilesino ya ha superado los 40 años de edad y lejos de consolidarse va perdiendo fuelle: presidentes veteranos han decidido distanciarse de la dirección de estos colectivos alegando mayoritariamente cansancio y, con su marcha, las asociaciones han pasado a regirse por gestoras. Sólo en los últimos meses se han formado cuatro de estas entidades. Los presidentes que quedan animan ahora a los más jóvenes a relevarles y sólo algunos líderes vecinales están dispuestos a seguir dando el callo en beneficio de sus socios. Este es el caso del presidente de Jardín de Cantos, Antonio Cabrera, que lleva diez años reivindicando mejoras para su barrio. «Tengo vocación al servicio de la ciudad y mientras haya problemas ahí estarán Cabrera y sus muchachos». El líder de Jardín de Cantos reclamó, eso sí, «que se recomponga la federación de vecinos».
Menos suerte han tenido los vecinos de Miranda donde, después de cuarenta años, se ha formado una gestora tras la dimisión de Joaquín Álvarez, que llevaba tres años al frente de este colectivo que agrupa a casi 600 personas. «Lo dejé por motivos laborales», argumentó el ex dirigente, y precisó: «Una asociación da mucho trabajo si se quieren hacer las cosas bien». Los vecinos de Valliniello también se rigen ahora por una gestora tras dejar su cargo Celestino García, uno de los presidentes vecinales más veteranos. El plazo de la gestora terminará el 16 de abril y los vecinos confían en que en este periodo de tiempo alguien se anime a tomar las riendas del colectivo. Los vecinos del Quirinal se rigen igualmente por una gestora tras la dimisión de Alejandro Cueli al frente de esta asociación formada por 550 personas y en «El Camín» de Llaranes buscaban hace días personas para renovar la directiva que encabeza Belén Suárez.
Para el presidente de «El Polígono» de La Magdalena, Amaro Martínez, se está agotando el tiempo. «Estoy cansado pero de momento, a falta de alternativas, habrá que seguir. Nos hace falta gente joven y, sobre todo, hombres», explicó Martínez, que representa a 400 socios. Los vecinos de Villalegre celebrarán, por su parte, una asamblea el próximo 10 de febrero para formar la nueva junta directiva. «Vamos a continuar con la asociación, ahora mismo tenemos una lista hecha con doce personas y aunque hay que lidiar con mucha gente al frente de un colectivo, al final, el trabajo recompensa», explicó Laura Cortés, de «El Marapico», con 513 socios.
Otras asociaciones vecinales de Avilés gozan actualmente de mejor salud. Es el caso de «El Hórreo» del Carbayedo que dirige desde hace dos años Manuel Fernández, con 900 socios. La actual junta directiva de la asociación «Marcos del Torniello» de Versalles que dirige Lici Alonso también tiene previsto seguir al frente del colectivo. «Pensamos seguir porque no hay alternativas. Cuesta implicar a la gente, sobre todo a los jóvenes», dijo la líder de la asociación decana de Avilés, que suma 1.600 socios. Alicia González, de La Luz, también tiene previsto seguir al frente de la asociación vecinal que dirige desde hace siete años y que concita a más de 700 socios. González, no obstante, es consciente del mal momento que están atravesando los colectivos. «Todas las asociaciones pusimos mucho interés en el reglamento de Participación Ciudadana que finalmente no sirvió para nada», sentenció. Y dijo, además: «Alguien tendría que pensar por qué se están deshaciendo las asociaciones, tal vez al Ayuntamiento le interesa». Para González, el trabajo más arduo de los dirigentes vecinales es la elaboración de los proyectos para recibir subvenciones.
Pese a todo, en algunas asociaciones están surgiendo directivas jóvenes, el sueño del movimiento asociativo. La asociación «Santa Bárbara» de Llaranes que preside Gabriel Alzola cuenta con una vocalía juvenil formada por 16 jóvenes. ¿La crítica? «Somos 250 socios en un barrio que tiene, en total, unos 6.000 vecinos. Si hubiera algún socio más no nos íbamos a quejar», dijo Alzola.
El presidente de los vecinos del Centro, Iván Álvarez, es una de las nuevas caras jóvenes que han tomado el relevo a dirigentes vecinales ya históricos. En el mismo lugar se encuentra Fran Mora, al frente de la asociación vecinal de La Carriona. «Me metí en todo esto porque me vinieron a buscar a casa y el equipo que tengo es muy bueno aunque a veces nos agobiamos porque hay cosas que no salen», explicó Álvarez. Mora, a su vez, precisó: «Nosotros cogimos las riendas de la asociación para luchar por el barrio aunque supone trabajo y, sobre todo, disponibilidad». Álvarez y Mora son las esperanza del movimiento asociativo, en la cuerda floja.