Luanco, Illán GARCÍA
Muchos luanquinos todavía recuerdan aquel 25 de enero de 1985, pero la que seguro que no lo olvidará nunca es María Martín, «Cuqui». Aquel día, del que ayer se cumplieron 25 años, Martín se llevó uno de los mayores sustos de su vida. Dos hombres trajeados, con sendos maletines y pistola en mano, entraron en su joyería de la calle del Teatro de Luanco -en la actualidad, el local alberga una correduría de seguros- y se llevaron joyas por valor de diez millones de las antiguas pesetas de la época, unos 60.000 euros. «Lo primero que hicieron los ladrones fue quitarme una cadena que tenía en el cuello con un buda de marfil y me encañonaron con una pistola que llevaban en el pecho», relata la luanquina, que aún tiene grabado en su retina aquel fatídico día que jamás olvidará.
Según el relato de Martín, los atracadores la metieron en el baño de la joyería, cerraron la puerta y se llevaron todo lo que pudieron. «Cuqui», asustada, rezaba en el pequeño cuarto hasta que se decidió a gritar para alarmar a los vecinos, Un luanquín que vivía en un edificio anexo escuchó las voces e intentó calmarla. «Lo pasé muy mal», suspira.
Por aquella época, según la joyera, no eran muy comunes los robos en Asturias y el sufrirlo en sus propias carnes la puso aún más nerviosa. Después de 25 años y ya con la cabeza fría, María Martín recuerda como si fuera ayer aquel fatídico 25 de enero de 1985. «La verdad, si por mi fuera preferiría olvidar aquella experiencia», añade.
El suceso ocurrió, aproximadamente, a la una y media de la tarde. Sus dos hijos, niños entonces, se extrañaron de que María Martín no regresase a casa a la hora de comer y se quedaron con sus vecinos, -que no les informaron de lo ocurrido para no preocuparles-, después de la jornada matutina del colegio.
Tras el robo, Cuqui tuvo miedo de quedarse sola trabajando en la joyería que atendía desde hacía ocho años atrás y comenzó a liquidar las pocas joyas que quedaron en el local para que, cuando pudiera, cambiase de ubicación. «En un principio, mis socios y yo íbamos a cerrar la joyería, pero con el paso del tiempo empezamos a pedir créditos y más créditos para salir adelante, ya que no recuperamos nada», relata la luanquina, que ayer mismo disfrutaba de unas vacaciones. María Martín consiguió identificar por una foto a uno de los ladrones en el Juzgado, después de que la Policía lo detuviera. «Luego me mandó una carta diciendo que no era él, pero sí era», afirma la joyera. María Martín se siente orgullosa no haber sufrido ningún otro robo más en la joyería que hoy regenta en la calle Salvador Escandón.
En las fechas posteriores a aquel 25 de enero de 1985, la familia de María Martín recibió muchas muestras de apoyo de los vecinos de la villa marinera que aún recuerdan el mal trago que supuso para la joyera que le robaran con pistola en mano y le dejó un susto que jamás podrá olvidar.