VICENTE MONTES VICENTE.MONTES@EPI.ES
El hecho de que la plaza concebida como «un espacio abierto a los hombres y a las mujeres del mundo» esté vallada no deja de tener su gracia. Supone una desafortunada ironía de la que alguien debió haberse percatado mucho antes de que el planteamiento recibiese la aquiescencia de la Consejería de Cultura. A veces somos rehenes de nuestros propios eslóganes. En verdad, parece razonable que, dado que el Centro Niemeyer estará en una parte de la ciudad no desarrollada, existan mecanismos que garanticen la seguridad de las instalaciones. Bueno, quizá podría considerarse una intervención artística la actividad de los grafiteros en la nívea cúpula del complejo cultural. Pero plantear un acceso limitado con garita y barrera parece bastante desafortunado. Contradecir el espíritu con el que Niemeyer ideó el espacio arquitectónico del centro que llevará su nombre afea un poco la imagen, aunque simplemente se trate de una alambrada. Quizá simplemente con vigilancia nocturna valdría, ¿no?