J. C. G.
Los alumnos de segundo ciclo de Primaria del Colegio San Fernando se han propuesto cambiar la nomenclatura musical española. Términos como «salófonos» o «maraconchas» cobran sentido gracias a la imaginación de los chavales. El «salófono», por ejemplo, es el instrumento compuesto por un bote de sal que, si se golpea, emite un sonido parecido al del xilófono. La «maraconcha», en fin, es el uso de unas conchas recogidas de la playa a modo de maracas. Estos y otros ingenios musicales, hasta doscientos, son fruto de la actividad promovida por el departamento de Música del Colegio San Fernando, en la que los alumnos de 9 a 12 años tiraron de fantasía para elaborar, casi inventar, sus propios instrumentos musicales.
La experiencia, que el colegio retoma ahora tras nueve años en el ostracismo, pretende fomentar no sólo la creatividad de los alumnos, sino también despertar su conciencia ecológica. Así, los instrumentos han sido elaborados con material reciclado, desde desperdicios que los chavales recuperaron de la basura hasta objetos caseros que habían agotado su utilidad. «En muchos casos, los padres colaboraron en la confección de los instrumentos, y eso también es educación», señala Roberto Cuervo Arango, director de Primaria del Colegio San Fernando.
«La educación debe cambiar e integrar también las sensaciones y las vivencias de los críos. A fin de cuentas, eso es lo que significa lo que la LOE llama competencias básicas: que los alumnos pongan en práctica lo que saben hacer. Lo que se logra manipulando cosas es una información directa y nunca se olvida», afirma Cuervo Arango.