VICENTE MONTES VICENTE.MONTES@EPI.ES
Suelo repetirme la frase, que cada vez creo más acertada, de que la vida siempre escribe las historias más increíbles, los guiones más inverosímiles. Incluso las casualidades que cualquiera desecharía por demasiado facilonas terminan asumidas por la realidad, implacable en sus argumentos, que son, por definición, irrebatibles. A los 20 años exactos Salinas vuelve a revivir el fantasma del derrumbe de su paseo. Tozudamente, la mar ha ido labrando con paciencia el golpe de efecto. Primero se dijo que la arena iba y regresaba cíclicamente, luego que la estabilidad del paseo estaba garantizada. Ahora se dirá que el desastre no irá a más, seguro. Pero lo que ha vuelto a adquirir claridad meridiana es que los deseos terminan por ir a la zaga de los hechos y que la previsión nunca acaba de fiarse de esa perversa ley de Murphy que establece que lo que va mal terminará yendo peor. Tanto que hasta los aniversarios más lamentables terminan por celebrarse.