E. CAMPO
«Volveremos para la inauguración del Niemeyer; queremos ver a Bruce Springsteen sobre el escenario». Estas palabras las pronunció ayer el recién nombrado embajador de Estados Unidos, Alan Solomont, después de visitar las obras del centro cultural de la ría, y poco tiempo antes de abandonar la región rumbo a Madrid. Solomont, que dedicó a Asturias su primera visita desde que es embajador en España, había acudido el día anterior al partido entre el Sporting y el Barcelona y, en un alarde diplomático, no quiso decantarse por ninguno de los dos equipos: «Animé a los dos», aseguró.
La cortina de lluvia que cayó durante toda la mañana de ayer no desanimó al embajador, que visitó las obras del Niemeyer junto a su mujer Susan, el director del centro -Natalio Grueso-, el cocinero José Andrés Puerta y varios representantes municipales, además de técnicos responsables de los trabajos. Solomont se mostró muy entusiasmado con el proyecto, que resumió con un «wonderful». En su opinión, el proyecto de Niemeyer «transformará la ciudad y le abrirá las puertas del futuro». «El concepto que domina es la visión de cambio; estoy muy impresionado», aseguró.
Las delicias gastronómicas regionales ocuparon buena parte de su visita, ya que tuvo ocasión de comer en Casa Gerardo, en Prendes (en el menú no faltó la tradicional fabada) y de cenar en Casa Lin, donde se enamoró de la longaniza de Avilés. El hotel Ferrera albergó al hombre que es la mano derecha de Barack Obama en España, y que durante su visita derrochó cordialidad y entusiasmo.