Luanco, Illán GARCÍA
Los ojos de Vidal Alonso Secades han visto la transformación de Luanco en los últimos treinta años. Alonso, que actualmente es director de la Escuela de Informática de la Universidad Pontificia de Salamanca y catedrático de Estructura de Datos y de la Información en el mismo centro, fue el encargado ayer de dar el pistoletazo de salida a las fiestas del Socorro en el salón de actos del instituto con la lectura del pregón. La última vez que había pisado el escenario del centro educativo fue en 1984. Por aquel entonces, Alonso Secades cursaba COU y fue uno de los protagonistas del festival de Navidad.
Ahora el tiempo ha pasado para él y para Luanco, y por ello el pregonero quiso echar la vista atrás para explicar las «esencias luanquinas», el proceso de cambio sufrido de una villa cada vez menos marinera que ha dado un giro para convertirse en un centro turístico de primer orden en la región. Alonso Secades es un enamorado de Luanco y de las fiestas del Socorro. Incluso, en sus años de ausencia en la celebración invernal de Luanco llegó a festejarlo por todo lo alto. «Las fiestas del Socorro engrandecen los valores humanos, además de los religiosos, pues durante ellas tiene lugar el reencuentro con familiares y amigos con quienes compartir las experiencias personales de cada uno», afirma Vidal Alonso.
De todos es sabido la gran vinculación de Luanco con el mar. Para el informático, su relación con el Cantábrico se basaba, de niño, en los baños en La Ramblona o los partidos de fútbol en La Ribera, «donde bajaba a tomar el sol y a charlar con "Foncho" y sus buenos amigos». En la década de los setenta, siendo un crío, Alonso Secades entendía la calle «como su casa» y disfrutaba con sus amigos con juegos por todo el pueblo hasta el anochecer. Desde El Dique hasta la playa y desde El Crucero hasta La Ribera. «La Ribera era el principal feudo de nuestros juegos cuando éramos niños; hoy en día, sin embargo, esta zona ofrece una panorámica sin igual de un pueblo marinero que permite transportarse a épocas pasadas», asegura el informático afincado en Salamanca.
Los olores de las sardinas de la tienda de Joaquín «El Páxaro», el almacén de vinos que regentaba su familia y las latas de marañuelas de la panadería La Estrella que Vidal Alonso recordó en su pregón hicieron a más de un luanquín revivir tiempos pasados. Unos años en los que en Luanco contaba con industrias conserveras y carpinterías de ribera. Con el paso del tiempo, ese potencial económico de la villa vinculado al sector pesquero fue desapareciendo y se fue sustituyendo por el sector turístico.
Con aquel Luanco aún en la retina, Vidal Alonso se deshizo en elogios a las fiestas del Socorro, una celebración que no olvida pese a vivir a unos cuatrocientos kilómetros de distancia. Lo mismo le ocurre con «su» Marino de Luanco. «La vida de los bares y las calles de la villa, las canciones marineras como "Avante, patrón", la devoción por el Cristo del Socorro...», enumeró el luanquín para expresar su satisfacción por ser elegido este año para ser el pregonero de 2010 de «esta fiesta tan especial».
Sin olvidarse de los marineros fallecidos, de sus abuelos, de su primo José Secades, vicepresidente del Club Marítimo, y de pequeñas historias de luanquinos de su etapa en la capital gozoniega, Vidal Alonso Secades animó a todos los vecinos a beber, a comer calderada, a bailar, a cantar y a disfrutar al máximo. «Espero que este pregón sirva para hacerle una ofrenda al Santísimo Cristo del Socorro por las numerosas veces que ha sido implorado por mí», concluyó Alonso.