Saúl FERNÁNDEZ
Coque Malla (Madrid, 1969) ha abierto las ventanas de su casa para que empiece a correr aire fresco; lo dice él mismo en «Hasta el final», la canción que coloca al principio de su último disco en solitario: «La hora de los gigantes». Éste es su tercer álbum en solitario y es, además, el primero de los suyos tras la resurrección momentánea de «Los Ronaldos» de hace unos pocos años. Actúa el sábado que viene (20.30 horas) en el Auditorio de la Casa de Cultura.
-¿Qué tal sienta el aire fresco en esta nueva etapa de su vida?
-Creo que bien. El resultado de «La hora de los gigantes» está a la vista. Es el primer disco después de mucho tiempo... y eso es muy placentero.
-¿Y eso por qué?
-Es un disco con una energía muy especial, muy de equipo. No es una obsesión mía, de esas de «tenía que contarlo de esta manera». No, no se trata de eso. He procurado sumar a la banda, al productor, al ingeniero de sonido... a todos. Quería formar un equipo y creo que lo he logrado. Ellos lo han hecho suyo y eso está muy bien. Estoy seguro de que con este equipo haremos más discos.
-El de Avilés será un concierto acústico.
-Viajo a Avilés con Nico Nieto, que es el guitarra de la banda con la que grabé el disco. Cuando las actuaciones son con banda vienen todos. Por supuesto.
-¿Molan más los conciertos acústicos?
-De hecho, lo que estamos haciendo son muchos acústicos, que te permiten mayor libertad, interpretar las canciones cada noche de una forma distinta. En los acústicos estoy más conectado con la canción y eso es maravilloso. Pero, bueno, el otro día dimos un concierto con la banda en la sala Caracol, en Madrid, de despedida del año, que no de gira, que vamos a seguir con ella y más ahora, que reeditamos el disco... Bueno, a lo que iba, fue el mejor concierto de mi vida. Y, ahora, estoy con el mono... Los conciertos con banda son más de «show» y los acústicos son puro «feeling».
-En «Hasta el final» dice: «Voy a ser sincero». ¿Acaso no lo había sido hasta ahora?
-No se sabe. Igual es ahora cuando no soy sincero. No sé. Me cuesta mucho analizar las canciones que escribo. A veces me encuentro con que creo que escribo con claridad y resulta que no es así; pasan los años y me digo: «¡Ah! Era de esto de lo que estaba hablando...».
-Viniendo de una familia de artistas, ¿si les hubiera dicho a sus padres que quería ser ingeniero industrial, hubiera pasado algo?
-(Risas) No, no creo, aunque no tengo la percepción de haber dicho nunca que quería ser artista, no se crea... Mis padres (los actores Amparo Valle y Gerardo Malla) ya dijeron eso de: «Uy, por dónde va el chico». Lo de ser artista es algo intuitivo, desde ni me acuerdo.
-He leído que los únicos que venden más de 100.000 discos son Sabina, Fito y Alejandro Sanz.
-Eso, vender tanto, dentro de nada será cosa del pasado. No una utopía, algo que ya no volverá, como el lince moteado... Pero, bueno, que esté así la industria del disco no deja de ser bueno.
-¿Ah sí?
-La industria del disco está en proceso de derribo, así que lo único que queda es subir. Y en ese punto estoy yo: con un disco, con actuaciones... no me dedico a tocar «Adiós, papá» para jubilados en un hotel de vacaciones.
-¿No es usted muy optimista?
-No se trata de ser optimista, se trata de saber mirar hacia el punto adecuado. Ahora podemos ser más dueños de nuestro trabajo creativo y no era como antes, que escribías, grababas en el estudio y esperabas a que el mánager te llamara para ir a Murcia.
-¿Se ha borrado de ser actor?
-No es una cosa de la que uno puede borrarse así porque sí. La de actor es mi segunda profesión, pero, de momento, no me veo un mes y medio haciendo una película, porque para ser actor es necesario un compromiso absoluto. Y ahora todo mi compromiso es con la música.