Francisco L. JIMÉNEZ
«Desde hace varias semanas nuestra principal ocupación es reparar las máquinas y barrer el taller. La cosa está así de jodida». Así explica Benjamín Pereiras, copropietario de Talleres Gozón, la cruda realidad de los empresarios del Polígono de la Ría, símbolo hasta hace dos años de la pujanza metalúrgica de la comarca y claro exponente en la actualidad de los estragos de la crisis. Las principales firmas asentadas en el parque empresarial que se levantó sobre el suelo de la antigua cabecera siderúrgica de Ensidesa afrontan tiempos duros como consecuencia de la reducción media de su cartera de pedidos en un 50 por ciento. «Y lo peor es que no hay perspectivas de mejoría a corto plazo», remacha Pereiras, en cuya empresa han tenido que reducir la plantilla de 45 a 30 empleados para ajustar los gastos de personal a los exiguos ingresos.
El recorte de empleo, si no con la misma intensidad que en grandes empresas vecinas como Arcelor-Mittal, es una realidad en los pequeños y medianos talleres de la ría. Windar Renovables, la compañía radicada en Avilés que fabrica componentes para aerogeneradores, también se vio obligada a reducir el personal a la mitad, la consecuencia directa de estar trabajando a poco más del 40 por ciento de capacidad.
«El mercado nacional está paralizado y no se atisban síntomas de recuperación a corto plazo», lamentan al unísono todos los empresarios consultados. Tan parado que sólo los contratos logrados en el extranjero impiden el agravamiento de la situación de los talleres avilesinos dedicados al montaje y construcción de grandes estructuras metálicas. «El pasado verano no podíamos ni imaginar que el comienzo de año iba a ser tan flojo; nos está salvando el haber logrado un par de contratos internacionales que nos tendrán ocupados el taller al menos tres meses; pero lo que es el mercado nacional está muerto», explica José Julio Fernández, gerente de Monrasa.
El responsable de otra de las grandes firmas asentadas en el polígono de la ría asegura que en otros países la crisis comienza a ceder y que ya son varios los proyectos que se están desbloqueando, lo que se traduce en oportunidades de negocio para las empresas avilesinas. Ahora bien, el mismo interlocutor matiza que «la competencia es fortísima y esos proyectos en el extranjero no cuajan de hoy para mañana, su desarrollo es bastante más lento de lo que nos gustaría».
Incertidumbre es la palabra que mejor define el estado de ánimo de los pequeños y medianos empresarios de la ría. «Los proyectos de obra que no han sido abandonados se encuentran con dificultades financieras o no acaban de arrancar, porque el promotor está esperando a que la crisis escampe», comenta el gerente de una firma metalúrgica del polígono de la ría.
El empresario José Luis Garzón, a la sazón concejal del PP en Avilés, critica la persistencia de la congelación crediticia y reseña que lejos de cumplirse los pronósticos del Gobierno del Principado en relación con un frenazo lento de la actividad industrial, ésta ha «caído a plomo» en el último trimestre.
«Vamos resistiendo como podemos y porque echamos mano de los ahorros que logramos hacer durante los años pasados, porque si hubiera que vivir de la obra que nos entra mal nos iría», asegura Benjamín Pereiras. «Más que nunca, estamos empeñando el patrimonio personal para mantener vivas nuestras empresas», concluye José Luis Garzón.