Francisco L. JIMÉNEZ
La cofradía de pescadores «Virgen de las Mareas» de Avilés navega por aguas cada vez más procelosas: fue apartada de la gestión comercial de la rula el pasado mes de junio y su personal quedó entonces reducido a la mínima expresión, apenas genera ingresos con que hacer frente a sus deudas, tiene el patrimonio en liquidación, sigue enemistada con la federación regional, es víctima de un goteo incesante de socios y ahora incluso se ha convertido en diana de quienes, desde una postura crítica, plantean su disolución. «Total, para lo que sirve», justificaba ayer un ex responsable de la entidad. En plena zozobra, el cabildo de la cofradía no está por la labor de abandonar el barco a su suerte: «Hacemos lo que podemos para normalizar la situación, pero no resulta fácil sobrevivir en estas circunstancias», asegura el directivo Rafael Rodríguez.
La azarosa travesía que inició la cofradía «Virgen de las Mareas» en 2001, coincidiendo con el encargo por parte de la Autoridad Portuaria de Avilés de un estudio para construir una nueva lonja de pescado, ha llegado a un punto agónico. De unos días a esta parte arrecian las críticas de los pescadores y armadores que cuestionan la capacidad de representación de la cofradía y critican tanto la opacidad con la que se gobierna la institución -muy en especial todo lo referido a la venta de las casas del barrio del No-Do- como la pasividad con que se enfrenta a los problemas del sector.
«Lo que queda de la cofradía es un esperpento; ni ejercen la representación del colectivo pesquero -y no será por polémicas abiertas- ni defienden los intereses de los socios porque, de hecho, la que fue una de las cofradías más ricas de España tiene ahora pufos por todas partes», critica Francisco Javier Rentería, presidente de Lonja Avilés, la sociedad de armadores constituida a raíz del conflicto cainita desatado en el seno de la cofradía a raíz de las maniobras instigadas por el PSOE para quitarle a «Virgen de las Mareas» la gestión de la rula de Avilés.
Otro miembro de Lonja Avilés, Alfredo Gutiérrez, asegura sentirse ajeno a los vaivenes de una entidad que en su día le «castigó» y achaca que la cofradía haya sido abandonada a su suerte a la «mala gestión de sus dirigentes». Un ex directivo que sólo acepta hablar a condición de anonimato (por miedo a represalias) asegura que abundan los casos de socios que, como Gutiérrez, «han dejado de pagar las cuotas en disconformidad con la pobreza de los servicios que presta la cofradía». Éstos, de hecho, se han visto reducidos a poco más que los trámites burocráticos (que también se pueden gestionar en la asesoría de la nueva rula) y el surtidor de carburante. «Sin la gestión de la venta de pescado la cofradía no es nada. Llegados a este punto lo mejor sería disolverla, previa liquidación del patrimonio, pago de las deudas y reparto del dinero sobrante entre los socios», sostiene este mismo interlocutor.
Rafael Rodríguez, miembro del cabildo, rechaza tal posibilidad: «No tenemos apenas apoyos, contamos con pocos recursos e incluso hay quien tiene ganas de defenestrarnos, pero estamos por la labor de resistir. De hecho, el cabildo se sigue reuniendo todos los meses y tratamos de recuperar poco a poco la normalidad tras los profundos cambios que supuso perder el control comercial de la rula». El patrón mayor de «Virgen de las Mareas», Gregorio López, no respondió a las llamadas que le hizo este diario durante los últimos días para recabar su opinión sobre la situación de la cofradía.
A la vista del particular vía crucis pesquero de Avilés suenan proféticas las palabras del diputado socialistas Álvaro Álvarez, quien en pleno fragor de la lucha intestina entre facciones pesqueras y a la vista de la imposibilidad de doblegar al equipo directivo de «Virgen de las Mareas» aventuró que con el tiempo la cofradía quedaría reducida a «una institución simbólica encargada de organizar la fiesta de la patrona».