Juan C. GALÁN
Coque Malla y Fabio Capello tienen algo en común: ambos quisieron, en su día, librarse de Ronaldo(s). Lo que pasa es que el futbolista brasileño era muy bueno y la banda madrileña, no tanto, pero también. Al final, Capello y Malla seguramente terminarán arrepintiéndose. Y es que aquella chulería «ronaldera» (del grupo, no del futbolista) que estimulaba a los adolescentes de los noventa era el punto de la música del cantante madrileño. Ahora, quiere demostrar que se ha hecho mayor. A veces lo consigue. Se ha dejado bigote y la cerveza la bebe en vaso. A veces lo logra. Firma canciones más o menos íntimas. Pero aquel movimiento de cintura de cuerpo aún en formación ya no volverá.
Malla, eso sí, no engañó a nadie ayer en su concierto en la Casa de Cultura. Lo suyo es el rock y afina su guitarra para que suene como la de Tom Petty o la de George Harrison, salvando las distancias, claro. O sea, rock directo, sin interferencias. Malla se lo hizo a lo acústico, sólo con guitarra, junto a Nico Nieto, y no defraudó a los 250 espectadores, treintañeros en su mayoría, que se descarriaban al son de «Por las noches» en las discotecas avilesinas de los noventa. El público esperaba oír otra vez esa voz de globo que se deshincha, pero sorprendentemente cálida, y esas letras que no pretenden sentar cátedra. Y es que, con la que está cayendo, estrofas como «se te está cayendo el pantalón» quizá no sean las que la gente quiere escuchar, pero ayudan a imaginar tiempos mejores. Eso sí.