La Reigada,
Myriam MANCISIDOR
Fernando Fernández, «Fernandito», tiene 81 años y 11 meses. Su primer rifle lo cogió cuando era un adolescente y, desde entonces, no se pierde una salida al monte con sus compañeros de cuadrilla de La Peral, un escuadrón que dirige José Antonio Fernández Aguirre, «Pepín». Fernandito Fernández es uno de los 450 cazadores de la Asociación Cinegética Sierra de Pulide-Nalón, que gestiona los cotos regionales de caza 093 y 094 y está compuesta, en total, por once cuadrillas. El pasado sábado día 23 se vistieron las polainas, la gorra y el chaleco reflectante para disfrutar de una jornada de campo en el lote número 8, el de Pedroso. El reloj de Fernandito sonó bastante antes de las ocho de la mañana, hora de quedada para los cazadores en La Bodega de Aguirre. Y nadie faltó a la cita: la cuadrilla tenía por delante su penúltimo día de cacería de la temporada.
LA NUEVA ESPAÑA acompañó a los 25 integrantes de esta cuadrilla -diez monteros con diez perros y quince cazadores con arma- durante la jornada de caza. Objetivo: dos jabalíes, el máximo por cupo. La fiesta de los sentidos comenzó al tiempo que los veteranos estimulaban cuerpo y alma con el primer café regado con pingaratas. Cazadores y monteros facilitaron sus licencias a Pepín Fernández y al guarda mayor, José Antonio García, «Toti». Ambos elaboraron las listas que luego remiten a la Consejería de Medio Ambiente. En la Asociación Cinegética Sierra Pulide-Nalón cada socio debe abonar al año 330 euros por caza mayor (jabalí, corzo...) y 230 por caza menor (arcea, zorro...). La cuota de entrada para los nuevos socios es de 75 euros y el colectivo cuenta con miembros de La Coruña, Málaga o Madrid. También tienen alguna mujer cazadora.
Esta asociación cinegética goza actualmente de buena salud gracias a las «potentes inversiones» que realizaron en los últimos tiempos: 200 cierres de pastos y tres caños de gas para espantar pájaros. Otras sociedades cinegéticas de la región, que reúnen a casi 12.000 aficionados, tienen peor suerte: están al borde del abismo por el pago de los daños a los ganaderos. Una de cada cuatro entidades, según informó días atrás este diario, está en quiebra técnica y otras tantas en riesgo. Los cazadores consideran «abusivas» las indemnizaciones. La cuadrilla de La Peral tiene su particular lectura de lo que está ocurriendo. «Hay mucha picaresca en lo que afecta a los cultivos. Hay personas que plantan cuatro fabas en fincas en desuso sólo porque saben que por allí pasan los jabalíes», sentencian.
Toti García es el encargado de medir los destrozos que producen los animales en las fincas si así lo requieren los propietarios de las mismas. «Se mide y según la plantación y los metros cuadrados afectados las indemnizaciones varían», explica. Un cazador precisa: «La situación llega hasta tal punto que en el Occidente, por ejemplo, hay sociedades que plantan fabas para pagar los destrozos con la misma moneda». Los cazadores también tienen que hacerse cargo de sufragar los daños a los conductores que sufren un accidente cuando un animal salvaje se les cruza en la carretera. Los cotos de caza se alquilan durante un periodo máximo de diez años.
La cuadrilla de La Peral reconoce que son «demasiadas trabas» las que les pone el Principado pese a que este colectivo «goza de una maravillosa gestión». La caza, defienden, mueve mucho dinero. «Si son cacerías de dos o tres días se pagan hoteles, se compran armas, ropa, se consume en los bares... Todo esto alguien lo tiene que tener en cuenta», recalcan los cazadores mientras apuran el primer trago del día. La discusión da paso a la penúltima jornada de cacería. Los monteros se despiden de sus colegas. Son ya las nueve de la mañana y comienza la acción en La Reigada.
Antes de partir, un cazador advierte: «A nosotros no nos gustan los furtivos». Sus compañeros de cacería le respaldan. Los de la cuadrilla de La Peral son como los «cherokees», esos indios que basan su vida en el respeto a la Naturaleza. José Luis Garrido, experto en caza, explicaba en un artículo : «Los "cherokees" enseñan a los iniciados que la caza requiere: preparar los pertrechos con respeto, perseguir al animal con respeto, darle muerte con respeto y comerle con respeto, porque cada animal es un ser irrepetible». Así trabajan los cazadores de la cuadrilla de La Peral.
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