El «Trasgu» ya no está en Galiana. Hace seis años que se mudó a La Ferrería. Ahora, aquel «zulo» de 40 metros cuadrados en el que se concentraba la juerga de los buenos tiempos de la «movida» avilesina se ha convertido en un «pub» con todas las de la ley. «La primera vez que vi el local me pareció como un campo de fútbol de grande», señala el alma mater del local, Gonzalo «El del Trasgu», que, aunque parezca mentira, también tiene apellidos: García Fernández. Yugoslavos, vaya. La tarde del viernes la dedica Gonzalo a preparar la jarana que vendrá con la noche, que no está mal, pero que ni se aproxima a aquella ebullición de los 70 y 80. El local aparece desordenado aunque la música de ambiente descoloca: atruena «La valse a mille temps», de Jacques Brel, que no cuadra con un tipo con fama de jaranero. Engaña. Como Jacques Brel, que era belga, no francés. Gonzalo anda a sus cosas, siempre activo, siempre con algo que hacer. «Todas las semanas me propongo ordenar mis cosas, pero no hay manera, chico», se justifica. Normal. De tan febril sesera surgió, por ejemplo, el Descenso de Galiana, famoso internacionalmente y mascarón de proa del Antroxu avilesino.
En realidad, el Descenso no salió sólo de la sesera de Gonzalo «Trasgu». Para ser rigurosos, la idea fue de Falo «Cuzo», otro histórico de la bohemia avilesina, pero sin Gonzalo quizá la conjunción cósmica no se hubiera producido. El del «Trasgu» había sido un piragüista de altura, -aún hoy se mete entre pecho y espalda algún que otro kilómetro diario en kayak-, y un día acompañó a Falo al Descenso del Sella. En el fragor del momento, a Falo se le ocurrió trasladar aquella apoteosis deportivo-festiva a Galiana, aunque sólo en su parte festiva. Con imaginación y un coche viejo construyeron un catamarán urbano, que se deslizaba por el desconchado piso de Galiana como el mismísimo «Nostromo» que ideara Joseph Conrad. Aquellos «chalaos» bajando en un extraño artilugio a toda pastilla por el epicentro de la jarana avilesina tuvo que resultar tan surrealista como atractiva, porque la gran mayoría de los hosteleros de Galiana se subieron al carro. Nacía, de manera oficial, el Descenso internacional de Galiana.
Los ideólogos del asunto se agruparon en torno a una asociación, «Ixuxú», berrido de alegría de los mozos asturianos del siglo XIX. Y es que el Antroxu era eso, alegría desmedida, cachondeo y transgresión. El carnaval en Avilés comenzó a florecer en los albores de la década de 1980, merced a la iniciativa de los del Santo Entierro y de Paco Sánchez, entre otros, pero lo que logró «Ixuxú» fue añadirle un ingrediente de mercadotecnia, una señal de identidad que le permitió trascender fronteras. «Hasta que el Descenso empezó a funcionar, el Antroxu ya era pujante en Avilés. A la gente le bastaba poco para ir disfrazada. Por ejemplo, uno se ponía un gorro y cogía una pistola de juguete e iba de gángster. El carnaval ya estaba asentado, pero faltaba algo que uniera a la gente», señala Gonzalo. Ese «algo» fue el Descenso.
La singular actividad salió adelante por iniciativa de los hosteleros de Galiana y por su simbiosis con el pueblo. «El Ayuntamiento nos apoyaba mucho, pero de palabra. No soltaba ni un duro», recuerda Gonzalo «Trasgu». En 1988, el Descenso eclosionó. Multitud de cacharros, en su mayoría coches «tuneados» salvados del desguace, mojados con alcohol y agua, atronaban en la tarde del sábado de carnaval a modo de pistoletazo de salida del Antroxu. La comitiva se agrupaba en El Parche, ascendía hacia la capilla de Jesusín de Galiana, viraba y en ese punto comenzaba el descenso. La increíble aceptación popular desembocó en algo que se veía venir: había más artefactos que metros cuadrados disponibles. «El primer coche salía a las seis y el último igual empezaba a rodar a las diez. Era un desmadre y no hubo accidentes porque Dios no lo quiso», señala Gonzalo. Fue entonces cuando comenzaron los filtros por parte del Ayuntamiento: límite de inscripción, de ruidos, de dimensiones del artefacto... Más seguridad, mayor vistosidad, pero menos participación.
«Falo estaba todo el día pensando en el Descenso. No había empezado uno y ya esta planeando el del año siguiente. Ese entusiasmo nos lo transmitía a los demás. Nos movíamos mucho, a pesar de que teníamos muchos detractores. Podía haber sido un «holding», pero entre las obras de urbanización de Galiana, que quitaron gente, y la poca colaboración, aquello decayó», afirma Gonzalo «Trasgu», con un rictus de nostalgia en el rostro.
De todas formas, el Descenso de Galiana había calado hondo entre la población, no solo de Avilés, sino del resto de Asturias. Gonzalo y los habituales del «Trasgu» recibieron una prueba inequívoca del triunfo del Antroxu en 1990. «Habíamos dejado aparcado el catamarán a la puerta del bar y, cuando fuimos a cerrar, vimos que nos lo habían birlado. Luego me dijeron que lo vieron en el desfile del carnaval de Gijón, que de aquella era como las carrozas en Avilés», recuerda Gonzalo. El Antroxu avilesino había trascendido fronteras.
Gonzalo y su camarilla del «Trasgu» eran referente en los albores del Antroxu. Favila, Paco Sánchez y el resto de pioneros frecuentaban el cuartel general de Galiana, donde se pinchaba, sin la amenaza de la SGAE, «españoladas» de los 60 y 70, rock'n'roll canalla y algo de salsa. El propio Gonzalo ponía los discos y las copas. «Iba tanta gente que había que invitar a los que salían sin disfrazar a ver si se animaban», recuerda el hostelero. Aquella «folixa» se convirtió en desenfreno en los últimos años de los 80 y los primeros de los 90. En realidad, a lo largo de gran parte de la década. El Antroxu se había extendido como el sarampión por la población avilesina. «La fiesta la hacíamos todos juntos: las peñas, las juventud, y la gente mayor. No había malos rollos. Por semana abríamos hasta las tres o las cuatro de la mañana. Cada vez que llegaba el carnaval tenía que pedir vacaciones en el banco, porque aquel ritmo no había quien lo aguantara», señala Gonzalo «Trasgu».
Ahora, todo ha cambiado. La diferencia está clara: «De aquella había perres, mucha gente joven y, encima, el martes de carnaval era festivo», señala Gonzalo para indicar la tríada que ha dejado cojo el carnaval avilesino. Eso, y lo que uno de los ideólogos del Antroxu considera cierta desidia por parte del Ayuntamiento. «Pero si queda una semana y no hay ni carteles. Eso sí, ya vi en Avilés alguno del carnaval de Gijón», lamenta Gonzalo.
Para el Antroxu que ya se acerca, Gonzalo «Trasgu» volverá a disfrazarse, volverá a derrochar socarronería al otro lado de la barra y rememorará aquellos tiempos felices.
Pasa a la página siguiente