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El tiempo (I)

n De cómo los animales dan el parte meteorológico

 
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El tiempo (I)
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JAVIER GANCEDO De nuestro corresponsal,

Falcatrúas.

Los habitantes de Bildeo aprenden desde pequeños que el tiempo es un condicionante a tener en cuenta, no tanto en el sentido filosófico como en el meteorológico. Cuando se sale al monte, más vale conocer de antemano si vas a acabar calado o envuelto en una niebla espesa como caldo y sin saber cómo salir de un abeseo y volver a casa. En el mes de la hierba, como no venga sol en condiciones, el mal tiempo puede estropear ese forraje que tienes que almacenar y que vas a echar de menos si llega un invierno con mucha nieve, porque no hay otra cosa para dar de comer a los animales.

También hay que controlar las fases de la luna a fin de saber cuándo baja la savia para cortar un árbol y sacar de él una viga o unas tablas que no se pudran, cuándo debe prepararse un semillero o si el parto de la vaca se va a adelantar.

Conocer el pronóstico meteorológico no es sólo para los de pueblo, por el hecho de tener allí su modo de vida y sus propiedades. Aquellos de la ciudad que van «de monte» harían bien teniéndolo presente, yendo siempre preparados con algo más que unos pinganillos en las orejas para escuchar música, por muy de gaita que sea. No es la primera vez que los de Bildeo se tropiezan por senderos remotos con supuestos adultos acompañados de chiquillos, todos ellos de sandalias o playeros de poca entidad, sin una mochila con algo de ropa, agua, algo de comer? Pa matalos.

Antes de que Mariano Medina se nos metiese en casa para contarnos lo del anticiclón de las Azores, los bildeanos tenían la predicción del tiempo que les proporcionaban los animales. Por cierto, no sé cómo pudimos sobrevivir sin saber nada del archipiélago portugués, mira por dónde descubrimos que la nación vecina, tan despreciada por los españoles, tenía un arma meteorológica que nos dominaba.

En Bildeo el tiempo regía de acuerdo con las frases tradicionales: «Si la culebra tira p'al mato?» o «Cuando el grajo vuela bajo?». Y más que nada, la hora de la mosca. Pobre del que no tuviera en cuenta esa hora fatídica, apremiado por llevar carros de hierba a casa: entre las dos y las cinco de la tarde en los dos meses centrales de verano, xuncir las vacas al carro podía ser el comienzo de una catástrofe de consecuencias imprevisibles.

Que se lo pregunten a Berto, que sacó cinco carros de hierba del río por no tener en cuenta esas horas críticas y creer que podía dominar las vacas como si fueran los mismos animales de todos los días: una pareja de vacas o de bueyes son dos animales, claro, pero con la mosca añadida son una revolución. Por mucho que vayan al carro, como les pique la mosca, no hay guiada, ni palos ni Cristo que lo fundó que los detenga.

En la historia de hoy actúan como protagonistas Dolores y el pollín, ambos vecinos de Bildeo, de Casa'l Feisuelo. Ocurrió hace sesenta o setenta años, cuando pasaron por aquí camino del Alto de la Patana dos señores que estaban trabajando en asuntos de meteorología. Era tiempo de canícula, iban sudando la gota gorda, cargados con unos aparatos que pesaban lo suyo, y al llegar a la braña tropezaron con Dolores, setenta años bien gastados, que atendía las vacas en su cabana. Se sentaron en un poyo a coger aliento, echar un trago de agua y a charlar un rato con la mujer, a la que preguntaron:

-Señora, ¿vamos bien por aquí para llegar al Alto la Patana?

-Sí, por aquí, filo arriba hasta pasar por debajo de la Pena la Prida y allí cogen l'outro camín que va dereito a la Patana. Pero no les aconsejo que vayan hoy, porque vino el burro de casa con las orejas gachas y ese nunca se equivoca, huele las tormentas como nadie. No tardará en llover.

No se veía una nube, lucía un sol radiante, así que los meteorólogos continuaron su ascensión sin hacer mucho caso a la mujer ni al experto burro. A la media hora, acababan de pasar por la Pena la Prida, sonaron un par de tronadas en la lejanía y el panorama en el cielo se fue ensombreciendo a ojos vistas, volviéndose amenazador. El que hacía de jefe se detuvo:

-Como dijo el poeta: «Nubes cárdenas: seguro presagio de inminente tormenta». Será mejor que demos la vuelta.

-¿Volvemos al pueblo?

-No, marchamos pa Oviedo, a seguir estudiando hasta que sepamos tanto como el burro de esa muyer.

(*) Abeseo: En Bildeo, bosques tupidos de hayedos y abedulares, como árboles más abundantes, que cubren las laderas orientadas al Norte.

Seguiremos informando.

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