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Crisis económica en Avilés

n La recuperación de la ciudad parece remota y habrá que esperar por ella incluso décadas

 
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JAVIER PIZARRO La actual situación de crisis económica que desde hace ya algunos años estamos viviendo está causando unos gravísimos daños en la sociedad española debido a la terrible destrucción de puestos de trabajo que implica, y que está llevando a muchísimas personas a situaciones verdaderamente desesperadas para el normal desarrollo de sus vidas. Son muchos los que deben recurrir incluso al ingenio o a la picaresca para salir adelante, o a poner en marcha actitudes muy similares a las que llevaban a cabo los españoles de la España de principios de los años 40 del siglo pasado, debido a la situación de posguerra de aquel momento, en el que como ahora, las estrecheces económicas eran muy marcadas. Para muchos economistas y sociólogos, nos encontramos ante la peor situación financiera que ha vivido Europa en el último siglo, y hasta tal punto, que en opinión de los expertos, la situación actual marcará, por supuesto, un «antes y después» en la economía mundial.

En el Principado de Asturias, como en el resto de España, los efectos del desempleo y del retroceso económico están teniendo consecuencias verdaderamente devastadoras. Especialmente en Avilés, tercera ciudad en importancia y población de la región, la destrucción de puestos de trabajo y la emigración generalizada de población local son hechos más que evidentes, con sus innegables consecuencias. Al deambular por algunas de las más céntricas calles de la villa uno puede observar cómo el número de establecimientos comerciales (algunos de ellos señeros y de gran tradición) que han cerrado sus puertas, víctimas de la recesión económica, pueden contarse por decenas.

Si miramos retrospectivamente la historia de la economía local, observaremos cómo desde el año 1900 hasta la actualidad (poco más de un siglo), el desarrollo económico avilesino ha sufrido fuertes altibajos. Desde esa fecha hasta aproximadamente 1950, Avilés era una villa provinciana que subsistía gracias a las actividades agropecuarias y pesqueras, y en segundo lugar con las actividades comerciales de modestas dimensiones. El comienzo de las actividades siderúrgicas a mediados de siglo significó un auténtico «boom» de la economía de toda la comarca, con el consiguiente aumento de la densidad de población. La afluencia de personas procedentes de otras regiones y latitudes de España fue tal que tuvo repercusiones incluso en el urbanismo local, que se vio obligado a crear nuevos barrios, como los de Llaranes y La Luz.

Sin embargo, y tras casi medio siglo de historia, una vez concluido el proceso de reconversión industrial en la década de 1990, Avilés comenzó a experimentar un proceso de languidecimiento y ocaso económico con la consiguiente pérdida de población, que se veía obligada a instalarse fuera de la ciudad (en el mejor de los casos) para conseguir un puesto de trabajo. De esta forma, la misma ciudad que había acogido a andaluces, vascos, extremeños o castellanos en los años siguientes a 1950, era la que ahora despedía a sus nietos, avilesinos de nacimiento, pues no era capaz de darles de comer.

La actual situación de la villa avilesina, severamente castigada por los implacables efectos de la recesión, no hace albergar esperanzas sobre su futura recuperación, ni siquiera a medio plazo, varias décadas, seguramente, deberán pasar hasta que Avilés consiga llegar a ser, al menos, una sombra de lo que fue. El floreciente sector industrial del que antes hablábamos ya es sólo parte del pasado. Las actividades agropecuarias y pesqueras, que en su día alimentaron a los avilesinos, también se ven gravemente afectadas, no sólo por la actual situación económica, sino por la situación general de ese sector, que con dificultad se adapta a las exigencias del siglo XXI, de tal forma que no es posible contar con ellas como futuras generadoras de empleo.

Por tanto, las autoridades que rigen la ciudad se ven abocadas, casi como «último recurso», a echar mano de la ilustre Historia Medieval y Moderna de la ciudad para su explotación a través del sector turístico. Sin embargo, o su falta de capacidad, o lo que es peor, su falta de voluntad en pro de intereses particulares o partidistas hacen pensar que la recuperación económica de la ciudad se encuentre aún en un día muy remoto.

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