J. C. G.
De São Paulo a Avilés, toda una experiencia. Allá, en la cuna del Carnaval moderno, vive Daisy Carvalho, una de las componentes del grupo de batucada brasileña «Tudo Bem», que ayer animó el desfile del Antroxu avilesino. Su vestido, amarillo carioca y que ocultaba lo mínimo, le jugó una mala pasada cuando, osada, salió del local de la Asociación de Vecinos de El Quirinal -donde establecieron su improvisado vestuario- para otear el ambiente previo al desfile. No aguantó la brasileña ni dos segundos a la intemperie. «Qué frío hace», anunció a sus compañeras, con la piel de gallina. «La verdad es que pensaba que iba a hacer más frío», replicó Viviana Araujo, otra de las bailarinas de «Tudo Bem». El grupo, en realidad, venía entrenado. Antes de Avilés había actuado en los Carnavales de Sevilla y de Madrid. «Hacía mucho frío también, así que esto no nos pilla de sorpresa», señala Araujo.
Sus compañeros de batucada lo tenían mejor: iban más o menos abrigados y, además, lo de tocar el tambor sube la temperatura. Sus compañeros (además de Viviana Araujo y Daisy Carvalho, la madrileña Carolina Grandella, que da el pego a pesar de ser española) tuvieron que ingeniárselas para entrar en calor. Lo de ir mostrando carne en pleno febrero no está mal, pero hay que sufrir. «Habíamos pensado hacer ejercicios de calentamiento, como los futbolistas, pero no hizo falta. Con lo que comimos...», señala Viviana Araujo. Con lo de «lo que comimos» se refiere la paulista al pote asturiano que el grupo se metió entre pecho y espalda en el restaurante La Parra. «Y el resto es bailar y bailar y bailar», añade Daisy Carvalho.
«Tudo Bem», que hizo honor a su nombre («Todo Bien» en castellano), ejerció de alegre coche escoba del desfile. Luego, casi sin descansar, viaje a Toledo. «Ahí sí que vamos a pasar frío... y no hay pote», lamenta una de las bailarinas.
Al grupo brasileño le llamó la atención lo variado de la temática del Carnaval avilesino. No es de extrañar: para un brasileño ver con esos ojitos que se ha de comer la tierra al mismísimo Spiderman ondeando una bandera del Sporting (la del Avilés se le debió perder en algún armario, esperando que alguien la ondee) debe ser una visión tirando a surrealista. Y es que nadie se cortó en el desfile de ayer. Desde aquellos que se pasaron el último mes esclavizados por el hilo y la aguja a los que, con un simple trapo, consiguieron un disfraz más que apañado. En el primer grupo, por ejemplo, una «drag queen» que oteaba el desfile desde sus vertiginosas plataformas. O los personajes de «Avatar», con kilos de maquillaje azul encima y con esas lentillas amarillas que dan repelús.