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Félix González decidió que su futuro estaba en la Guardia Civil hace ahora seis años cuando dibujaba su futuro a golpe de gol. Miguel Ángel González entró poco después en el Cuerpo y ambos comparten la misma afición: el ciclismo. Entre servicio y servicio organizan expediciones. Eva Mecías es agente en un mundo de hombres. «Pero no hay ninguna diferencia, el trabajo con los chicos es cómodo, agradable», asegura. La conversación la rompe la emisora: en la calle Leopoldo Alas Clarín de Corvera hay un coche parado en medio de la calle y el conductor parece haberse escondido en un portal donde reside; según los agentes, un traficante ya conocido. La Guardia Civil da con el hombre, que lleva en su vehículo sin freno de mano una pantalla de ordenador y una tele que, asegura, acaba de recoger de un contenedor. Tras las pertinentes pesquisas, los agentes le dejan irse pero le abren expediente por portar una piedra de hachís. La noche no ha hecho más que comenzar y la Benemérita parece dispuesta a limpiar Corvera de droga.
Los agentes continúan la ronda por los alrededores del centro comercial de Trasona a donde acuden con frecuencia para esclarecer hurtos que se producen en los comercios. Es la una de la madrugada. La Guardia Civil se fija en tres jóvenes que charlan en el aparcamiento. Se acercan a ellos y los identifican: son de Madrid, Avilés y Lugo. Uno les confiesa que lleva encima hachís, un trozo que requisan los agentes. La ruta continúa por Trasona donde la Benemérita identifica a otro joven que pasea en solitario y que también lleva encima cannabis. Cuatro aprehensiones a cuatro jóvenes. La noche avanza. Tras el recorrido de control, los agentes organizan de nuevo un punto de verificación en Las Vegas. Entre coche y coche regresan las conversaciones y los recuerdos de los momentos más duros a pie de calle: aquel accidente en el que murieron dos niños, aquella vez que alguien les puso una «pipa» en la cabeza, el mordisco de un borracho... Los agentes de Cancienes, pese a todo, no se acobardan. Llevan grabado el sello de la cercanía, se enorgullecen de pertenecer a un Cuerpo «cada vez más moderno» y trabajan siempre haciendo suya la divisa de la Guardia Civil: el honor.